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CONFERENCIA EPISCOPAL PERUANA

Oficina Nacional de Educación Católica

1956  -  2008

La Oficina Nacional de Educación Católica, ONDEC, pone a vuestra disposición este diario sencillo pero efectivo, para todos aquellos que creen en la Educación Católica, en todo el Perú y más allá de sus fronteras.

 

 

En la foto de abajo vemos al Obispo Presidente de la Comisión Episcopal de Educación y Cultura Mons. Adriano Pacífico Tomasi Travaglia ofm y la Secretaria Ejecutiva de la misma Comisión y Directora de la Oficina Nacional de Educación Católica (ONDEC), Licenciada en Educación Sra. María Concepción Torres Castro de Herrera 

Edad: 56
 



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DIA DEL MAESTRO

OFICINA NACIONAL  DE EDUCACIÓN CATÓLICA

DÍA DEL MAESTRO 

6 DE JULIO 2009
ONDEC

PRESENTACIÓN

EL MAESTRO  INSTRUMENTO  DE LA MISIÓN

 Este insumo, intenta aportar una breve reflexión a los educadores, en vísperas de celebrar el “DIA DEL MAESTRO” en todo el Perú el próximo lunes 06 de Julio. La V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida, motiva a  los educadores a hacer que sus  vidas se profundicen y desarrollen en comunión fraterna, al estilo de Cristo Maestro: “Jesús ayuda a construir identidades integradas, teniendo en cuenta que “El es nuestro Maestro, y todos nosotros somos hermanos”[1](Jn 23,8).[1]

Así mismo, nos recuerda la Encíclica Evangelii Nuntiandi que el espíritu evangelizador del docente “constituye la dicha y la vocación propia del Maestro por excelencia, su identidad más profunda”[2]

Sabemos que los educadores cristianos y especialmente los educadores en la Fe, tenemos una gran historia misionera en nuestro país y debemos responder al reto de nuestros tiempos, anunciar a Cristo en medio de la indiferencia religiosa que nos rodea, a seguir con esperanza nuevos caminos, que conduzcan a otro modo de ser discípulos, a ser verdadera comunidad a ser Iglesia viva en Cristo, por Cristo y para Cristo.

Que nuestro trabajo pedagógico encuentre en los métodos, en la organización, en los proyectos, educativos las líneas pastorales de nuestros obispos, para que  siga siendo de instrumentos de calidad basados en el Evangelio.
Atrevámonos a hacer de la educación una misión de amor con el corazón de testigo y el alma de profeta, dispuestos a ayudar a reconstruir nuestro mundo y transformarlo en un mundo de hermanos con olor a justicia y sabor a Reino de Dios.
 

A continuación proponemos dos pequeños temas de reflexión para que como comunidad de fe y de amor reflexionemos, sobre nuestra labor misionera de maestros y educadores en la fe, tarea recibida del mismo Jesus, como un don.

También les ofrecemos un modelo de Celebración  Eucarística, como acción de gracias que concluye con una ceremonia de envío como Discípulos Misioneros para que nuestros pueblos en El tengan Vida.

ORIGEN Y FUENTE DE LA MISIÓN

La conciencia de misión en el Nuevo Testamento nace con Jesús mismo. San Mateo presenta a Jesús compadeciéndose de las muchedumbres y encargando a los discípulos: “Rogad al dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (Mt, 9,38); por otro lado San Lucas, tras la primera jornada apostólica, nos presenta a Jesús con esta expresión: “Tengo que ir a otras ciudades a evangelizar el reino de Dios, pues para ello he sido enviado” (Lc.4;43). Aquí está la base de  nuestra misión evangelizadora, no tenemos otro tesoro que éste, hacer que Jesucristo misionero sea conocido, seguido, amado, adorado, anunciado y comunicado a todos, convirtiendo esta tarea docente en un encargo, en una invitación que se ofrece, en una representación, en una noticia que corre y sobre todo en una  fuerza que proviene del Espíritu.             

Es por eso, que para el educador en la Fe, Jesús misionero del Padre se considera como la razón  última y a la vez el principio y motor de todo su impulso de discípulo. Impulso que potencia su vida que moviliza y transfigura todas las dimensiones educativas, revestidos de la fuerza del Espíritu Santo, para que sea una realidad se requiere necesariamente del testimonio de vida del educador cristiano.

Los gestos humanos y de fe de los educadores, que están cerca de los estudiantes crean la primera invitación a descubrir la Fe en Dios. Este testimonio se explicita mediante el anuncio de Jesucristo, de su historia humano-divina y de las enseñanzas que nos dejó. Mensaje que para los educadores, es una clara confesión que conduce al niño o al joven, a descubrir la presencia de Cristo en la propia vida como clave de la tan anhelada felicidad y del sentido transformador de su existencia.

PARA REFLEXIONAR EN EQUIPO

  1. ¿Qué nos falta para ser un  auténtico  misionero (a)  capaz de transformar todas las dimensiones educativas?
  2. ¿De que forma se puede vivir la participación y comunión con los demás?
LA PEDAGOGÍA DE JESÚS, ES UNA PEDAGOGÍA DEL DIÁLOGO

Jesús no se presenta como el gran Maestro que, desde su cátedra, dicta grandes verdades que los alumnos deben "conocer", procesar y estudiar de memoria. Es para el educador en la fe, el compañero de camino, que transmite su mensaje a través de la fraternidad. Jesús es el que da siempre el primer paso, "El amor comienza cuando se prefiere al otro y no a sí mismo a la vez cuando se reconoce su diferencia y su imprescindible libertad. Jesucristo sabe valorar lo mejor de cada persona, es así que el Evangelio de Mateo, narra la elección que el Señor Jesús hizo de los doce apóstoles, de como los revistió de su propio poder para expulsar espíritus impuros y para curar todo tipo de enfermedades y dolencias.

En este evangelio podemos ver claramente, como Jesus  envía a los Apóstoles a su primera misión y cuales son las  instrucciones que les da con referencia a la forma y contenido de su predicación. Lo sustancial de su mensaje es que el Reino de Dios está cerca, son los mismos signos que Jesús ha venido realizando y que son descritos con tanta elocuencia en los Capítulos 8 y 9. Jesús manifiesta el programa de su ministerio en medio del mundo. el anuncio de la Buena Nueva del Reino a los pobres, Reino que empieza a acontecer, que comienza a construirse con su presencia, en donde los pobres son sacados de su postración, los que tienen el corazón destrozado son sanados, los que vivían cautivos son liberados, los afligidos son consolados, los que viven en la tristeza del luto son ungidos con perfume de alegría y su ánimo triste se convierte en cánticos de alabanza, para convertirlos en un pueblo sacerdotal, en una estirpe elegida, en Pueblo de Dios.  Lc 4,17-21; Is 61, 1-6.

No obstante, Jesus pone a sus discípulos, dos condiciones para que el Reino que anuncian se traduzca ya en un acontecimiento histórico, que se haga presente en medio del mundo, condiciones que se exigen para que no sea un anuncio estéril: que lo que recibieron gratuitamente, lo den gratis, y que no vayan apoyados en seguridad de ningún tipo, para su vida personal; esto significa, no llevar dinero en el bolsillo, ni morral para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias extras, ni buscar tampoco el mejor alojamiento  Mt 10, 7-11.

En una palabra, el trabajo para el anuncio y la construcción del Reino de Dios exige de parte de los obreros, (docentes cristianos, educadores en la fe) a ejemplo de su Maestro, una renuncia radical a todo aquello que no compagina con ese Reino y su Justicia. De alguna manera en el evangelio de San Mateo, encontramos pautas muy claras que orientan la espiritualidad y el ánimo con el que hemos de trabajar en bien de la educación.

Lo importante es que hagamos de la Iglesia que peregrina en el Perú, un instrumento eficaz de anuncio de la presencia y mensaje de Dios, para que Jesucristo pueda instaurar su Reino en medio de nosotros. Para ello se exigen del maestro educador en la fe la misma actitud humilde de Cristo, cuyos rasgos vamos descubriendo en la figura de Cristo Maestro.
Somos concientes que encontramos en la pastoral educativa, situaciones difíciles que se oponen al anuncio y a la construcción del Reino, pero por la fuerza del Espíritu podemos ponernos al servicio de nuestro país, para contribuir a su organización en la justicia y la verdad, pero para vencer el mal, hemos de conservar nuestro corazón limpio y saber perdonar a quienes de distintas maneras buscan impedir, por ignorancia y aún de mal corazón, la misión que Cristo ha encomendado a su Iglesia. 

La pedagogía de Jesús fue bien clara, no les pidió a sus apóstoles lo que Él mismo no hizo. Pidió espíritu de pobreza, humildad, libertad ante los poderes del mundo, arriesgar su vida por la verdad.

Por tanto, nosotros no podemos pedir a los estudiantes lo que nosotros no hagamos. El Reino de Dios es un acontecimiento histórico que exige de nosotros los educadores y de toda la Iglesia, una intima comunión permanente con Cristo Eucaristía, con su Palabra que da vida eterna  Jesús, y con la comunidad de hermanos en la misma y única Fe.

PARA REFLEXIONAR EN EQUIPO

1.   Señala algunas actitudes significativas para practicar la pedagogía de Jesus.
2.  ¿Cómo vivir en estos tiempos  la civilización de la pobreza compartida?

EUCARISTIA

DÍA DEL MAESTRO 6 DE JULIO

    
Monición: Queridos hermanos en este gran día damos gracias a Dios por la vocación educativa de todos los maestros del Perú, por sentirnos colaboradores en el plan de salvación de evangelización de la cultura a través de la educación  de niños y jóvenes, a lo largo y ancho del país.

Esta celebración solemne de Acción de Gracias en donde La Buena Noticia de Jesús tiene que ser desde las Bienaventuranzas y el mandato del Amor, el soporte de los valores fundamentales que intentamos compartir con nuestros alumnos. Que Cristo Maestro nos siga acompañando en nuestro caminar educativo. Recibimos al celebrante cantando…

      Juntos cantando la alegría

      de vernos unidos en la fe y el amor.

      Juntos sintiendo en nuestras vidas

       la alegre presencia del Señor.

        Somos la Iglesia peregrina que El fundó,
       somos un pueblo que camina sin cesar,
       entre cansancios y esperanzas, hacia Dios,
       nuestro amigo, Jesús, nos llevará.
       

       Hay una fe que nos alumbra con su luz,
       una esperanza que empapó nuestro esperar,

       aunque la noche nos envuelva en su inquietud,

       nuestro amigo, Jesús, nos guiará.

                                           Soy Pecador

                            Ten piedad, Señor, ten piedad,

                            soy pecador, ten piedad. ( bis)

                            Sí  de ti Cristo me alejé,

                            contra ti, yo pequé. ( bis)

                            Ten piedad, Señor, ten piedad,

                            soy pecador, ten piedad.

Gloria

Gloria al Señor que esta en el cielo,
Gloria al Señor que está en la tierra
Paz a los hombres de buena voluntad.
Te alabamos Señor, bendecimos tu amor
Y con tu dulce paz danos tu bendición
Hijo de Dios eres Tú Cristo
Y estás sentado a su derecha
Paz a las almas que suplican perdón
Te alabamos Señor, bendecimos tu amor
Santo Espíritu, tu gracia danos hoy.
Lectura: Génesis 28,10-22a
Salmo: 90: Dios mío, confío en ti.
Evangelio: Mateo 9,18-26

Homilía

Peticiones:

1.   Te pedimos Señor, por nuestros estudiantes, para que,  hagan crecer en sus vidas las semillas de humanidad, de bondad, de verdad, justicia y fraternidad que vamos sembrando cada día en ellos. Roguemos al Señor.

2.   Te pedimos Señor, por las familias de nuestros estudiantes, para que no pierdan el rumbo y el sentido evangélico se sus vidas que sean los educadores de la libertad solidaria de sus hijos. Roguemos al Señor.

3.  Te pedimos Señor, por todos los directivos, personal administrativo y de servicio, por los educadores y educadoras de nuestro país, para que nos sintamos todos "maestros" como el único y mejor Maestro, Jesús de Nazaret. Roguemos al Señor.

4. Te pedimos Señor, por el (la) Director (a) y los Coordinadores (as) de nuestra Oficina Diocesana de Educacion Católica, para que, sepamos responder a la responsabilidad de representar a nuestro pastor y a ejemplo de Jesus ser luz y apoyo a todos los que requieren de nuestro servicio y atención en el ámbito diocesano . Roguemos al Señor

5. También te pedimos especialmente Señor, por los más desprovistos y pobres de nuestro  país, por los que sufren la guerra, el hambre y el frío, por los que se sienten abandonados, por los enfermos y ancianos, para que nunca perdamos el sentimiento de amor fraterno que debe unirnos a ellos. Roguemos al Señor

PRESENTACIÓN DE DONES

VELAS:

Te presentamos, Señor, esta luz signo de que la fe del bautismo va siendo custodiada y va creciendo en el seno de nuestras instituciones educativas.

FLORES:
Te ofrecemos Señor estas flores, lo más hermoso de nuestros campos. Representan a nuestros compañeros educadores en la fe, los estudiantes y sus  familias que son lo más hermoso razón de ser del campo educativo.

PAN Y VINO

Recibe, Señor, el pan y el vino que en esta Eucaristía se convertirán en el Cuerpo y en la sangre del Señor, en alimento y fuente de amor para todos los educadores del país.

Canto:   TE OFRECEMOS SEÑOR

Te ofrecemos Señor,

este pan  y este vino

te  ofrecemos  también

la labor de nuestras vidas

TE OFRECEMOS SEÑOR (3 VECES)
NUESTRA VIDA Y NUESTRO AMOR.

SANTO ES EL SEÑOR DIGNO DE ALABANZA

COMUNIÓN: El Pueblo de Dios se identifica con el pueblo que camina hacia el encuentro definitivo con Dios, en ese camino el pan de la Eucaristía, Jesucristo, es la fuerza para continuar el camino: Cristo, pan del peregrino. Este es el sentido que tiene esta celebración eucarística, nuestro caminar para recibir a Jesús Eucaristía.

           CANTO:   ALMA MISIONERA

                    Señor, toma mi vida nueva, antes de que

              la espera desgaste años en mí.

                       Estoy dispuesto a lo que quieras, no importa

                        lo que sea, tu llámame a servir.


Llévame donde los hombres
necesiten tus palabras,
necesiten mis ganas de vivir:
donde falte la esperanza,
donde falte la alegría, 
simplemente por no saber de ti.

Te doy mi corazón sincero para gritar

sin miedo tu grandeza Señor:

tendré mis manos sin cansancio,

tu historia entre mis labios

y fuerza en la oración.

Y así; en marcha iré cantando, por calles

predicando lo bello que es tu amor:

Señor tengo alma misionera, condúceme a

a la tierra, que tenga sed de Dios.

(Se pueden  añadir otras si la comunión es larga)


CELEBRACIÓN DE ENVÍO
(Se sugiere se realice antes de la Bendición final)

Canto:      “ JESUCRISTO”

Jesucristo, Jesucristo, Jesucristo
Yo  estoy aquí.   ( 2 veces )


Toda esa multitud en su pecho lleva amor y paz

por eso para ellos sus esperanzas no morirán

viendo la flor que nace en el alma de aquel que tenga amor

miro hacia el cielo y veo  que ya se aferran a  ti Señor.

En cada esquina veo la mirada triste de algunos más

buscan por este mundo la dirección del camino a Dios

Es mi deseo ver aumentando siempre esa procesión

para que todos canten al mismo ritmo de esta canción.[3]

CEREMONIA DE ENVIO
 

Guía: Queridos hermanos: La nueva evangelización apunta a despertar un nuevo fervor misionero en una Iglesia cada vez más arraigada en la fuerza y el poder perenne de Pentecostés. Por el bautismo, todos hemos sido llamados a trabajar con todas nuestras fuerzas en la misión salvífica de la Iglesia. Hoy  somos llamados a salir fuera de las fronteras de nuestras oficinas, de las Instituciones Educativa de los grupos, comunidades, parroquias, incluso de nuestra diócesis,  en la entrega y servicio del Evangelio, para vivenciar la providencia de  Dios para con su Iglesia.

Antes de ser enviados Señor, te dirigimos esta plegaria símbolo de agradecimiento por tu infinito amor y bondad al caminar junto a nosotros como lo hiciste con los Discípulos de Emaus.

                          Salmo
(Compartido, a dos coros, misioneros)

Señor Jesús, eres luz para mi camino.

Eres el Salvador que yo espero. Tú eres

la defensa de mi vida. ¿Quién me hará temblar?

Lo sé de sobra Señor: seguirte es duro;
¡hay tantas cosas fáciles de conquistar a mi lado!
Yo sé, Señor, que si me dejo llevar por ellas,
me amarrarán hasta quitarme la libertad que busco.
Yo sé que si te sigo y me fío de ti, los obstáculos del camino caerán como hojas de otoño.
Aunque el dinero y el placer me rodeen como un ejército, mi corazón, Señor Jesús, no tiembla.

Aunque la publicidad fácil me declare la guerra

y mis ojos encuentren en cada esquina

una llamada a perder mi dignidad humana,

mi corazón dirá que no, porque en ti me siento tranquilo.

Una cosa te pido, Señor, y es lo que busco:
vivir unido a ti, tenerte como amigo y refugiarme en Ti.
En la tentación  guárdame Señor como el paraguas de la lluvia;
escóndeme en un rincón de tu tienda y así me sentiré seguro como sobre roca firme.

Señor Jesús, escúchame, que te llamo.

Ten piedad. Respóndeme, que busco tu rostro.

Mi corazón me dice que tú me quieres, y estás presente en mí, que te preocupas de mis problemas como un amigo verdadero.

Busco tu rostro: no me escondas tu rostro.
No me abandones, pues tú eres mi Salvador.
Dame la certeza de saber que aunque mi padre y mi madre me abandonaran. Tú siempre estarás fiel a mi lado.

Señor, enséñame el camino, guíame por la senda llana.

Yo espero gozar siempre de tu compañía.

Yo quiero gozar siempre de tu Vida en mi vida.

Espero en ti, Señor Jesús: dame un corazón
valiente y animoso para seguirte.
Ayúdame a llevar tu luz para mi camino
y  tu Palabra en mis labios permanentemente

Jesús Maestro en ti confío.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo... Amén.

Presidente: (pidiendo la bendición para los misioneros) Señor Jesús, que quisiste llamar para colaborar en la obra de la extensión de tu Reino a innumerables hijos e hijas de tu Iglesia, para que fueran mensajeros de tu amor entre los hombres y testimonio vivo de tu caridad:

· Concede a estos educadores misioneros tuyos que hoy se disponen a partir para anunciar tu Buena Noticia “más allá de las fronteras”, la gracia de ser apóstoles incansables al servicio de tu Reino.

· Fortalece su fe, para que puedan dar testimonio de tu amor, especialmente ante los que no creen en Ti.

· Robustece su esperanza, para que sepan contagiar alegría.

·  Enciende su caridad, para que puedan consolar a los que sufren y ayudarles eficazmente.

·  Concédeles tu Santo Espíritu y hazlos dóciles a sus inspiraciones, para que, abandonando sus seguridades personales, sepan salir al encuentro de los que están alejados de Ti. 


 (A continuación bendice el  símbolo misionero
       puede ser: cruz, rosario vela, agenda, Biblia, etc)

Presidente:

Señor y Dios nuestro, tu que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, bendice (+) estas… que serán entregadas a estos hijos tuyos a los que llamaste a colaborar contigo en el anuncio de la Buena Noticia  a través de la educación a todos los hombres. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Todos: Amén

Guía: Los misioneros pasan al frente y el presidente les impone el símbolo que cada I.E. consideró.


 ( Vueltos a su lugar, todos dicen la siguiente oración: )

              

 Oración

 ( misioneros)

Señor Jesucristo: Te entrego mis manos a Ti Señor, para trabajar con amor; te entrego mis pies, para seguir tu camino con decisión.

Te entrego mis ojos, para ver  las necesidades del mundo. Te entrego mi lengua para hablar, tus palabras de caridad. Mi alma es tuya, habítala, que allí crezca siempre tu amor; en confianza y fe en Ti, vive y ora siempre en mí. Amén

Monición de salida: "Que la Luz del Señor Jesús, el Maestro por excelencia, nos ilumine en nuestros pasos educativos.

Canto final: SOIS LA SEMILLA
Sois la semilla que ha de crecer, sois la estrella que ha de brillar, / sois levadura, sois granos de sal, antorcha que debe alumbrar. / Sois la mañana que vuelve a nacer, sois la espiga que empieza a granar, / sois aguijón y caricia a la vez, testigos que voy a enviar.

Id amigos por el mundo anunciando el amor / mensajeros de la vida, de la paz y el perdón / sed amigos los testigos de mi resurrección, / id llevando mi presencia, con vosotros estoy.

Sois una llama que ha de encender resplandores de fe y caridad, / sois los pastores que han de guiar al mundo por sendas de paz. / Sois los amigos que quise escoger, sois palabras que intento gritar, / sois Reino nuevo que empieza a engendrar justicia, amor y verdad.

 Sois savia y fuego que vine a traer, sois la ola que agita la mar, / la levadura pequeña de ayer fermenta la masa del pan. / Una ciudad no se puede esconder ni los montes se han de ocultar, / en vuestras obras que buscan el bien, los hombres al Padre verán.



[1] Documento de Aparecida Nº 110.

[2] Encíclica Evangelii Nuntiandi Nº 14

[3] Las canciones pueden ser elegidas por cada comunidad según su tradición.

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CAITAS IN VERITATE - Segunda Parte

CAPÍTULO  QUINTO

LA  COLABORACIÓN 
DE  LA  FAMILIA  HUMANA

53. Una de las pobrezas más hondas que el hombre puede experimentar es la soledad. Ciertamente, también las otras pobrezas, incluidas las materiales, nacen del aislamiento, del no ser amados o de la dificultad de amar. Con frecuencia, son provocadas por el rechazo del amor de Dios, por una tragedia original de cerrazón del hombre en sí mismo, pensando ser autosuficiente, o bien un mero hecho insignificante y pasajero, un «extranjero» en un universo que se ha formado por casualidad. El hombre está alienado cuando vive solo o se aleja de la realidad, cuando renuncia a pensar y creer en un Fundamento[125]. Toda la humanidad está alienada cuando se entrega a proyectos exclusivamente humanos, a ideologías y utopías falsas[126]. Hoy la humanidad aparece mucho más interactiva que antes: esa mayor vecindad debe transformarse en verdadera comunión. El desarrollo de los pueblos depende sobre todo de que se reconozcan como parte de una sola familia, que colabora con verdadera comunión y está integrada por seres que no viven simplemente uno junto al otro[127].

Pablo VI señalaba que «el mundo se encuentra en un lamentable vacío de ideas»[128]. La afirmación contiene una constatación, pero sobre todo una aspiración: es preciso un nuevo impulso del pensamiento para comprender mejor lo que implica ser una familia; la interacción entre los pueblos del planeta nos urge a dar ese impulso, para que la integración se desarrolle bajo el signo de la solidaridad[129] en vez del de la marginación. Dicho pensamiento obliga a una profundización crítica y valorativa de la categoría de la relación. Es un compromiso que no puede llevarse a cabo sólo con las ciencias sociales, dado que requiere la aportación de saberes como la metafísica y la teología, para captar con claridad la dignidad trascendente del hombre.

La criatura humana, en cuanto de naturaleza espiritual, se realiza en las relaciones interpersonales. Cuanto más las vive de manera auténtica, tanto más madura también en la propia identidad personal. El hombre se valoriza no aislándose sino poniéndose en relación con los otros y con Dios. Por tanto, la importancia de dichas relaciones es fundamental. Esto vale también para los pueblos. Consiguientemente, resulta muy útil para su desarrollo una visión metafísica de la relación entre las personas. A este respecto, la razón encuentra inspiración y orientación en la revelación cristiana, según la cual la comunidad de los hombres no absorbe en sí a la persona anulando su autonomía, como ocurre en las diversas formas del totalitarismo, sino que la valoriza más aún porque la relación entre persona y comunidad es la de un todo hacia otro todo[130]. De la misma manera que la comunidad familiar no anula en su seno a las personas que la componen, y la Iglesia misma valora plenamente la «criatura nueva» (Ga 6,15; 2 Co 5,17), que por el bautismo se inserta en su Cuerpo vivo, así también la unidad de la familia humana no anula de por sí a las personas, los pueblos o las culturas, sino que los hace más transparentes los unos con los otros, más unidos en su legítima diversidad.

54. El tema del desarrollo coincide con el de la inclusión relacional de todas las personas y de todos los pueblos en la única comunidad de la familia humana, que se construye en la solidaridad sobre la base de los valores fundamentales de la justicia y la paz. Esta perspectiva se ve iluminada de manera decisiva por la relación entre las Personas de la Trinidad en la única Sustancia divina. La Trinidad es absoluta unidad, en cuanto las tres Personas divinas son relacionalidad pura. La transparencia recíproca entre las Personas divinas es plena y el vínculo de una con otra total, porque constituyen una absoluta unidad y unicidad. Dios nos quiere también asociar a esa realidad de comunión: «para que sean uno, como nosotros somos uno» (Jn 17,22). La Iglesia es signo e instrumento de esta unidad[131]. También las relaciones entre los hombres a lo largo de la historia se han beneficiado de la referencia a este Modelo divino. En particular, a la luz del misterio revelado de la Trinidad, se comprende que la verdadera apertura no significa dispersión centrífuga, sino compenetración profunda. Esto se manifiesta también en las experiencias humanas comunes del amor y de la verdad. Como el amor sacramental une a los esposos espiritualmente en «una sola carne» (Gn 2,24; Mt 19,5; Ef 5,31), y de dos que eran hace de ellos una unidad relacional y real, de manera análoga la verdad une los espíritus entre sí y los hace pensar al unísono, atrayéndolos y uniéndolos en ella.

55. La revelación cristiana sobre la unidad del género humano presupone una interpretación metafísica del humanum, en la que la relacionalidad es elemento esencial. También otras culturas y otras religiones enseñan la fraternidad y la paz y, por tanto, son de gran importancia para el desarrollo humano integral. Sin embargo, no faltan actitudes religiosas y culturales en las que no se asume plenamente el principio del amor y de la verdad, terminando así por frenar el verdadero desarrollo humano e incluso por impedirlo. El mundo de hoy está siendo atravesado por algunas culturas de trasfondo religioso, que no llevan al hombre a la comunión, sino que lo aíslan en la búsqueda del bienestar individual, limitándose a gratificar las expectativas psicológicas. También una cierta proliferación de itinerarios religiosos de pequeños grupos, e incluso de personas individuales, así como el sincretismo religioso, pueden ser factores de dispersión y de falta de compromiso. Un posible efecto negativo del proceso de globalización es la tendencia a favorecer dicho sincretismo[132], alimentando formas de «religión» que alejan a las personas unas de otras, en vez de hacer que se encuentren, y las apartan de la realidad. Al mismo tiempo, persisten a veces parcelas culturales y religiosas que encasillan la sociedad en castas sociales estáticas, en creencias mágicas que no respetan la dignidad de la persona, en actitudes de sumisión a fuerzas ocultas. En esos contextos, el amor y la verdad encuentran dificultad para afianzarse, perjudicando el auténtico desarrollo.

Por este motivo, aunque es verdad que, por un lado, el desarrollo necesita de las religiones y de las culturas de los diversos pueblos, por otro lado, sigue siendo verdad también que es necesario un adecuado discernimiento. La libertad religiosa no significa indiferentismo religioso y no comporta que todas las religiones sean iguales[133]. El discernimiento sobre la contribución de las culturas y de las religiones es necesario para la construcción de la comunidad social en el respeto del bien común, sobre todo para quien ejerce el poder político. Dicho discernimiento deberá basarse en el criterio de la caridad y de la verdad. Puesto que está en juego el desarrollo de las personas y de los pueblos, tendrá en cuenta la posibilidad de emancipación y de inclusión en la óptica de una comunidad humana verdaderamente universal. El criterio para evaluar las culturas y las religiones es también «todo el hombre y todos los hombres». El cristianismo, religión del «Dios que tiene un rostro humano»[134], lleva en sí mismo un criterio similar.

56. La religión cristiana y las otras religiones pueden contribuir al desarrollo solamente si Dios tiene un lugar en la esfera pública, con específica referencia a la dimensión cultural, social, económica y, en particular, política. La doctrina social de la Iglesia ha nacido para reivindicar esa «carta de ciudadanía»[135] de la religión cristiana. La negación del derecho a profesar públicamente la propia religión y a trabajar para que las verdades de la fe inspiren también la vida pública, tiene consecuencias negativas sobre el verdadero desarrollo. La exclusión de la religión del ámbito público, así como, el fundamentalismo religioso por otro lado, impiden el encuentro entre las personas y su colaboración para el progreso de la humanidad. La vida pública se empobrece de motivaciones y la política adquiere un aspecto opresor y agresivo. Se corre el riesgo de que no se respeten los derechos humanos, bien porque se les priva de su fundamento trascendente, bien porque no se reconoce la libertad personal. En el laicismo y en el fundamentalismo se pierde la posibilidad de un diálogo fecundo y de una provechosa colaboración entre la razón y la fe religiosa. La razón necesita siempre ser purificada por la fe, y esto vale también para la razón política, que no debe creerse omnipotente. A su vez, la religión tiene siempre necesidad de ser purificada por la razón para mostrar su auténtico rostro humano. La ruptura de este diálogo comporta un coste muy gravoso para el desarrollo de la humanidad.

57. El diálogo fecundo entre fe y razón hace más eficaz el ejercicio de la caridad en el ámbito social y es el marco más apropiado para promover la colaboración fraterna entre creyentes y no creyentes, en la perspectiva compartida de trabajar por la justicia y la paz de la humanidad. Los Padres conciliares afirmaban en la Constitución pastoral Gaudium et spes: «Según la opinión casi unánime de creyentes y no creyentes, todo lo que existe en la tierra debe ordenarse al hombre como su centro y su culminación»[136]. Para los creyentes, el mundo no es fruto de la casualidad ni de la necesidad, sino de un proyecto de Dios. De ahí nace el deber de los creyentes de aunar sus esfuerzos con todos los hombres y mujeres de buena voluntad de otras religiones, o no creyentes, para que nuestro mundo responda efectivamente al proyecto divino: vivir como una familia, bajo la mirada del Creador. Sin duda, el principio de subsidiaridad[137], expresión de la inalienable libertad, es una manifestación particular de la caridad y criterio guía para la colaboración fraterna de creyentes y no creyentes. La subsidiaridad es ante todo una ayuda a la persona, a través de la autonomía de los cuerpos intermedios. Dicha ayuda se ofrece cuando la persona y los sujetos sociales no son capaces de valerse por sí mismos, implicando siempre una finalidad emancipadora, porque favorece la libertad y la participación a la hora de asumir responsabilidades. La subsidiaridad respeta la dignidad de la persona, en la que ve un sujeto siempre capaz de dar algo a los otros. La subsidiaridad, al reconocer que la reciprocidad forma parte de la constitución íntima del ser humano, es el antídoto más eficaz contra cualquier forma de asistencialismo paternalista. Ella puede dar razón tanto de la múltiple articulación de los niveles y, por ello, de la pluralidad de los sujetos, como de su coordinación. Por tanto, es un principio particularmente adecuado para gobernar la globalización y orientarla hacia un verdadero desarrollo humano. Para no abrir la puerta a un peligroso poder universal de tipo monocrático, el gobierno de la globalización debe ser de tipo subsidiario, articulado en múltiples niveles y planos diversos, que colaboren recíprocamente. La globalización necesita ciertamente una autoridad, en cuanto plantea el problema de la consecución de un bien común global; sin embargo, dicha autoridad deberá estar organizada de modo subsidiario y con división de poderes[138], tanto para no herir la libertad como para resultar concretamente eficaz.

58. El principio de subsidiaridad debe mantenerse íntimamente unido al principio de la solidaridad y viceversa, porque así como la subsidiaridad sin la solidaridad desemboca en el particularismo social, también es cierto que la solidaridad sin la subsidiaridad acabaría en el asistencialismo que humilla al necesitado. Esta regla de carácter general se ha de tener muy en cuenta incluso cuando se afrontan los temas sobre las ayudas internacionales al desarrollo. Éstas, por encima de las intenciones de los donantes, pueden mantener a veces a un pueblo en un estado de dependencia, e incluso favorecer situaciones de dominio local y de explotación en el país que las recibe. Las ayudas económicas, para que lo sean de verdad, no deben perseguir otros fines. Han de ser concedidas implicando no sólo a los gobiernos de los países interesados, sino también a los agentes económicos locales y a los agentes culturales de la sociedad civil, incluidas las Iglesias locales. Los programas de ayuda han de adaptarse cada vez más a la forma de los programas integrados y compartidos desde la base. En efecto, sigue siendo verdad que el recurso humano es el más valioso de los países en vías de desarrollo: éste es el auténtico capital que se ha de potenciar para asegurar a los países más pobres un futuro verdaderamente autónomo. Conviene recordar también que, en el campo económico, la ayuda principal que necesitan los países en vías de desarrollo es permitir y favorecer cada vez más el ingreso de sus productos en los mercados internacionales, posibilitando así su plena participación en la vida económica internacional. En el pasado, las ayudas han servido con demasiada frecuencia sólo para crear mercados marginales de los productos de esos países. Esto se debe muchas veces a una falta de verdadera demanda de estos productos: por tanto, es necesario ayudar a esos países a mejorar sus productos y a adaptarlos mejor a la demanda. Además, algunos han temido con frecuencia la competencia de las importaciones de productos, normalmente agrícolas, provenientes de los países económicamente pobres. Sin embargo, se ha de recordar que la posibilidad de comercializar dichos productos significa a menudo garantizar su supervivencia a corto o largo plazo. Un comercio internacional justo y equilibrado en el campo agrícola puede reportar beneficios a todos, tanto en la oferta como en la demanda. Por este motivo, no sólo es necesario orientar comercialmente esos productos, sino establecer reglas comerciales internacionales que los sostengan, y reforzar la financiación del desarrollo para hacer más productivas esas economías.

59. La cooperación para el desarrollo no debe contemplar solamente la dimensión económica; ha de ser una gran ocasión para el encuentro cultural y humano. Si los sujetos de la cooperación de los países económicamente desarrollados, como a veces sucede, no tienen en cuenta la identidad cultural propia y ajena, con sus valores humanos, no podrán entablar diálogo alguno con los ciudadanos de los países pobres. Si éstos, a su vez, se abren con indiferencia y sin discernimiento a cualquier propuesta cultural, no estarán en condiciones de asumir la responsabilidad de su auténtico desarrollo[139]. Las sociedades tecnológicamente avanzadas no deben confundir el propio desarrollo tecnológico con una presunta superioridad cultural, sino que deben redescubrir en sí mismas virtudes a veces olvidadas, que las han hecho florecer a lo largo de su historia. Las sociedades en crecimiento deben permanecer fieles a lo que hay de verdaderamente humano en sus tradiciones, evitando que superpongan automáticamente a ellas las formas de la civilización tecnológica globalizada. En todas las culturas se dan singulares y múltiples convergencias éticas, expresiones de una misma naturaleza humana, querida por el Creador, y que la sabiduría ética de la humanidad llama ley natural[140]. Dicha ley moral universal es fundamento sólido de todo diálogo cultural, religioso y político, ayudando al pluralismo multiforme de las diversas culturas a que no se alejen de la búsqueda común de la verdad, del bien y de Dios. Por tanto, la adhesión a esa ley escrita en los corazones es la base de toda colaboración social constructiva. En todas las culturas hay costras que limpiar y sombras que despejar. La fe cristiana, que se encarna en las culturas trascendiéndolas, puede ayudarlas a crecer en la convivencia y en la solidaridad universal, en beneficio del desarrollo comunitario y planetario.

60. En la búsqueda de soluciones para la crisis económica actual, la ayuda al desarrollo de los países pobres debe considerarse un verdadero instrumento de creación de riqueza para todos. ¿Qué proyecto de ayuda puede prometer un crecimiento de tan significativo valor —incluso para la economía mundial—  como la ayuda a poblaciones que se encuentran todavía en una fase inicial o poco avanzada de su proceso de desarrollo económico? En esta perspectiva, los estados económicamente más desarrollados harán lo posible por destinar mayores porcentajes de su producto interior bruto para ayudas al desarrollo, respetando los compromisos que se han tomado sobre este punto en el ámbito de la comunidad internacional. Lo podrán hacer también revisando sus políticas internas de asistencia y de solidaridad social, aplicando a ellas el principio de subsidiaridad y creando sistemas de seguridad social más integrados, con la participación activa de las personas y de la sociedad civil. De esta manera, es posible también mejorar los servicios sociales y asistenciales y, al mismo tiempo, ahorrar recursos, eliminando derroches y rentas abusivas, para destinarlos a la solidaridad internacional. Un sistema de solidaridad social más participativo y orgánico, menos burocratizado pero no por ello menos coordinado, podría revitalizar muchas energías hoy adormecidas en favor también de la solidaridad entre los pueblos.

Una posibilidad de ayuda para el desarrollo podría venir de la aplicación eficaz de la llamada subsidiaridad fiscal, que permitiría a los ciudadanos decidir sobre el destino de los porcentajes de los impuestos que pagan al Estado. Esto puede ayudar, evitando degeneraciones particularistas, a fomentar formas de solidaridad social desde la base, con obvios beneficios también desde el punto de vista de la solidaridad para el desarrollo.

61. Una solidaridad más amplia a nivel internacional se manifiesta ante todo en seguir promoviendo, también en condiciones de crisis económica, un mayor acceso a la educación que, por otro lado, es una condición esencial para la eficacia de la cooperación internacional misma. Con el término «educación» no nos referimos sólo a la instrucción o a la formación para el trabajo, que son dos causas importantes para el desarrollo, sino a la formación completa de la persona. A este respecto, se ha de subrayar un aspecto problemático: para educar es preciso saber quién es la persona humana, conocer su naturaleza. Al afianzarse una visión relativista de dicha naturaleza plantea serios problemas a la educación, sobre todo a la educación moral, comprometiendo su difusión universal. Cediendo a este relativismo, todos se empobrecen más, con consecuencias negativas también para la eficacia de la ayuda a las poblaciones más necesitadas, a las que no faltan sólo recursos económicos o técnicos, sino también modos y medios pedagógicos que ayuden a las personas a lograr su plena realización humana.

Un ejemplo de la importancia de este problema lo tenemos en el fenómeno del turismo internacional[141], que puede ser un notable factor de desarrollo económico y crecimiento cultural, pero que en ocasiones puede transformarse en una forma de explotación y degradación moral. La situación actual ofrece oportunidades singulares para que los aspectos económicos del desarrollo, es decir, los flujos de dinero y la aparición de experiencias empresariales locales significativas, se combinen con los culturales, y en primer lugar el educativo. En muchos casos es así, pero en muchos otros el turismo internacional es una experiencia deseducativa, tanto para el turista como para las poblaciones locales. Con frecuencia, éstas se encuentran con conductas inmorales, y hasta perversas, como en el caso del llamado turismo sexual, al que se sacrifican tantos seres humanos, incluso de tierna edad. Es doloroso constatar que esto ocurre muchas veces con el respaldo de gobiernos locales, con el silencio de aquellos otros de donde proceden los turistas y con la complicidad de tantos operadores del sector. Aún sin llegar a ese extremo, el turismo internacional se plantea con frecuencia de manera consumista y hedonista, como una evasión y con modos de organización típicos de los países de origen, de forma que no se favorece un verdadero encuentro entre personas y culturas. Hay que pensar, pues, en un turismo distinto, capaz de promover un verdadero conocimiento recíproco, que nada quite al descanso y a la sana diversión: hay que fomentar un turismo así, también a través de una relación más estrecha con las experiencias de cooperación internacional y de iniciativas empresariales para el desarrollo.

62. Otro aspecto digno de atención, hablando del desarrollo humano integral, es el fenómeno de las migraciones. Es un fenómeno que impresiona por sus grandes dimensiones, por los problemas sociales, económicos, políticos, culturales y religiosos que suscita, y por los dramáticos desafíos que plantea a las comunidades nacionales y a la comunidad internacional. Podemos decir que estamos ante un fenómeno social que marca época, que requiere una fuerte y clarividente política de cooperación internacional para afrontarlo debidamente. Esta política hay que desarrollarla partiendo de una estrecha colaboración entre los países de procedencia y de destino de los emigrantes; ha de ir acompañada de adecuadas normativas internacionales capaces de armonizar los diversos ordenamientos legislativos, con vistas a salvaguardar las exigencias y los derechos de las personas y de las familias emigrantes, así como las de las sociedades de destino. Ningún país por sí solo puede ser capaz de hacer frente a los problemas migratorios actuales. Todos podemos ver el sufrimiento, el disgusto y las aspiraciones que conllevan los flujos migratorios. Como es sabido, es un fenómeno complejo de gestionar; sin embargo, está comprobado que los trabajadores extranjeros, no obstante las dificultades inherentes a su integración, contribuyen de manera significativa con su trabajo al desarrollo económico del país que los acoge, así como a su país de origen a través de las remesas de dinero. Obviamente, estos trabajadores no pueden ser considerados como una mercancía o una mera fuerza laboral. Por tanto no deben ser tratados como cualquier otro factor de producción. Todo emigrante es una persona humana que, en cuanto tal, posee derechos fundamentales inalienables que han de ser respetados por todos y en cualquier situación[142].

63. Al considerar los problemas del desarrollo, se ha de resaltar la relación entre pobreza y desocupación. Los pobres son en muchos casos el resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano, bien porque se limitan sus posibilidades (desocupación, subocupación), bien porque se devalúan «los derechos que fluyen del mismo, especialmente el derecho al justo salario, a la seguridad de la persona del trabajador y de su familia»[143]. Por esto, ya el 1 de mayo de 2000, mi predecesor Juan Pablo II, de venerada memoria, con ocasión del Jubileo de los Trabajadores, lanzó un llamamiento para «una coalición mundial a favor del trabajo decente»[144], alentando la estrategia de la Organización Internacional del Trabajo. De esta manera, daba un fuerte apoyo moral a este objetivo, como aspiración de las familias en todos los países del mundo. Pero ¿qué significa la palabra «decente» aplicada al trabajo? Significa un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación.

64. En la reflexión sobre el tema del trabajo, es oportuno hacer un llamamiento a las organizaciones sindicales de los trabajadores, desde siempre alentadas y sostenidas por la Iglesia, ante la urgente exigencia de abrirse a las nuevas perspectivas que surgen en el ámbito laboral. Las organizaciones sindicales están llamadas a hacerse cargo de los nuevos problemas de nuestra sociedad, superando las limitaciones propias de los sindicatos de clase. Me refiero, por ejemplo, a ese conjunto de cuestiones que los estudiosos de las ciencias sociales señalan en el conflicto entre persona-trabajadora y persona-consumidora. Sin que sea necesario adoptar la tesis de que se ha efectuado un desplazamiento de la centralidad del trabajador a la centralidad del consumidor, parece en cualquier caso que éste es también un terreno para experiencias sindicales innovadoras. El contexto global en el que se desarrolla el trabajo requiere igualmente que las organizaciones sindicales nacionales, ceñidas sobre todo a la defensa de los intereses de sus afiliados, vuelvan su mirada también hacia los no afiliados y, en particular, hacia los trabajadores de los países en vía de desarrollo, donde tantas veces se violan los derechos sociales. La defensa de estos trabajadores, promovida también mediante iniciativas apropiadas en favor de los países de origen, permitirá a las organizaciones sindicales poner de relieve las auténticas razones éticas y culturales que las han consentido ser, en contextos sociales y laborales diversos, un factor decisivo para el desarrollo. Sigue siendo válida la tradicional enseñanza de la Iglesia, que propone la distinción de papeles y funciones entre sindicato y política. Esta distinción permitirá a las organizaciones sindicales encontrar en la sociedad civil el ámbito más adecuado para su necesaria actuación en defensa y promoción del mundo del trabajo, sobre todo en favor de los trabajadores explotados y no representados, cuya amarga condición pasa desapercibida tantas veces ante los ojos distraídos de la sociedad.

65. Además, se requiere que las finanzas mismas, que han de renovar necesariamente sus estructuras y modos de funcionamiento tras su mala utilización, que ha dañado la economía real, vuelvan a ser un instrumento encaminado a producir mejor riqueza y desarrollo. Toda la economía y todas las finanzas, y no sólo algunos de sus sectores, en cuanto instrumentos, deben ser utilizados de manera ética para crear las condiciones adecuadas para el desarrollo del hombre y de los pueblos. Es ciertamente útil, y en algunas circunstancias indispensable, promover iniciativas financieras en las que predomine la dimensión humanitaria. Sin embargo, esto no debe hacernos olvidar que todo el sistema financiero ha de tener como meta el sostenimiento de un verdadero desarrollo. Sobre todo, es preciso que el intento de hacer el bien no se contraponga al de la capacidad efectiva de producir bienes. Los agentes financieros han de redescubrir el fundamento ético de su actividad para no abusar de aquellos instrumentos sofisticados con los que se podría traicionar a los ahorradores. Recta intención, transparencia y búsqueda de los buenos resultados son compatibles y nunca se deben separar. Si el amor es inteligente, sabe encontrar también los modos de actuar según una conveniencia previsible y justa, como muestran de manera significativa muchas experiencias en el campo del crédito cooperativo.

Tanto una regulación del sector capaz de salvaguardar a los sujetos más débiles e impedir escandalosas especulaciones, como la experimentación de nuevas formas de finanzas destinadas a favorecer proyectos de desarrollo, son experiencias positivas que se han de profundizar y alentar, reclamando la propia responsabilidad del ahorrador. También la experiencia de la microfinanciación, que hunde sus raíces en la reflexión y en la actuación de los humanistas civiles —pienso sobre todo en el origen de los Montes de Piedad—, ha de ser reforzada y actualizada, sobre todo en estos momentos en que los problemas financieros pueden resultar dramáticos para los sectores más vulnerables de la población, que deben ser protegidos de la amenaza de la usura y la desesperación. Los más débiles deben ser educados para defenderse de la usura, así como los pueblos pobres han de ser educados para beneficiarse realmente del microcrédito, frenando de este modo posibles formas de explotación en estos dos campos. Puesto que también en los países ricos se dan nuevas formas de pobreza, la microfinanciación puede ofrecer ayudas concretas para crear iniciativas y sectores nuevos que favorezcan a las capas más débiles de la sociedad, también ante una posible fase de empobrecimiento de la sociedad.

66. La interrelación mundial ha hecho surgir un nuevo poder político, el de los consumidores y sus asociaciones. Es un fenómeno en el que se debe profundizar, pues contiene elementos positivos que hay que fomentar, como también excesos que se han de evitar. Es bueno que las personas se den cuenta de que comprar es siempre un acto moral, y no sólo económico. El consumidor tiene una responsabilidad social específica, que se añade a la responsabilidad social de la empresa. Los consumidores deben ser constantemente educados[145] para el papel que ejercen diariamente y que pueden desempeñar respetando los principios morales, sin que disminuya la racionalidad económica intrínseca en el acto de comprar. También en el campo de las compras, precisamente en momentos como los que se están viviendo, en los que el poder adquisitivo puede verse reducido y se deberá consumir con mayor sobriedad, es necesario abrir otras vías como, por ejemplo, formas de cooperación para las adquisiciones, como ocurre con las cooperativas de consumo, que existen desde el s. XIX, gracias también a la iniciativa de los católicos. Además, es conveniente favorecer formas nuevas de comercialización de productos provenientes de áreas deprimidas del planeta para garantizar una retribución decente a los productores, a condición de que se trate de un mercado transparente, que los productores reciban no sólo mayores márgenes de ganancia sino también mayor formación, profesionalidad y tecnología y, finalmente, que dichas experiencias de economía para el desarrollo no estén condicionadas por visiones ideológicas partidistas. Es de desear un papel más incisivo de los consumidores como factor de democracia económica, siempre que ellos mismos no estén manipulados por asociaciones escasamente representativas.

67. Ante el imparable aumento de la interdependencia mundial, y también en presencia de una recesión de alcance global, se siente mucho la urgencia de la reforma tanto de la Organización de las Naciones Unidas como de la arquitectura económica y financiera internacional, para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones. Y se siente la urgencia de encontrar formas innovadoras para poner en práctica el principio de la responsabilidad de proteger[146] y dar también una voz eficaz en las decisiones comunes a las naciones más pobres. Esto aparece necesario precisamente con vistas a un ordenamiento político, jurídico y económico que incremente y oriente la colaboración internacional hacia el desarrollo solidario de todos los pueblos. Para gobernar la economía mundial, para sanear las economías afectadas por la crisis, para prevenir su empeoramiento y mayores desequilibrios consiguientes, para lograr un oportuno desarme integral, la seguridad alimenticia y la paz, para garantizar la salvaguardia del ambiente y regular los flujos migratorios, urge la presencia de una verdadera Autoridad política mundial, como fue ya esbozada por mi Predecesor, el Beato Juan XXIII. Esta Autoridad deberá estar regulada por el derecho, atenerse de manera concreta a los principios de subsidiaridad y de solidaridad, estar ordenada a la realización del bien común[147], comprometerse en la realización de un auténtico desarrollo humano integral inspirado en los valores de la caridad en la verdad. Dicha Autoridad, además, deberá estar reconocida por todos, gozar de poder efectivo para garantizar a cada uno la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos[148]. Obviamente, debe tener la facultad de hacer respetar sus propias decisiones a las diversas partes, así como las medidas de coordinación adoptadas en los diferentes foros internacionales. En efecto, cuando esto falta, el derecho internacional, no obstante los grandes progresos alcanzados en los diversos campos, correría el riesgo de estar condicionado por los equilibrios de poder entre los más fuertes. El desarrollo integral de los pueblos y la colaboración internacional exigen el establecimiento de un grado superior de ordenamiento internacional de tipo subsidiario para el gobierno de la globalización[149], que se lleve a cabo finalmente un orden social conforme al orden moral, así como esa relación entre esfera moral y social, entre política y mundo económico y civil, ya previsto en el Estatuto de las Naciones Unidas.

CAPÍTULO  SEXTO

EL  DESARROLLO  DE  LOS  PUEBLOS
Y  LA  TÉCNICA

68. El tema del desarrollo de los pueblos está íntimamente unido al del desarrollo de cada hombre. La persona humana tiende por naturaleza a su propio desarrollo. Éste no está garantizado por una serie de mecanismos naturales, sino que cada uno de nosotros es consciente de su capacidad de decidir libre y responsablemente. Tampoco se trata de un desarrollo a merced de nuestro capricho, ya que todos sabemos que somos un don y no el resultado de una autogeneración. Nuestra libertad está originariamente caracterizada por nuestro ser, con sus propias limitaciones. Ninguno da forma a la propia conciencia de manera arbitraria, sino que todos construyen su propio «yo» sobre la base de un «sí mismo» que nos ha sido dado. No sólo las demás personas se nos presentan como no disponibles, sino también nosotros para nosotros mismos. El desarrollo de la persona se degrada cuando ésta pretende ser la única creadora de sí misma. De modo análogo, también el desarrollo de los pueblos se degrada cuando la humanidad piensa que puede recrearse utilizando los «prodigios» de la tecnología. Lo mismo ocurre con el desarrollo económico, que se manifiesta ficticio y dañino cuando se apoya en los «prodigios» de las finanzas para sostener un crecimiento antinatural y consumista. Ante esta pretensión prometeica, hemos de fortalecer el aprecio por una libertad no arbitraria, sino verdaderamente humanizada por el reconocimiento del bien que la precede. Para alcanzar este objetivo, es necesario que el hombre entre en sí mismo para descubrir las normas fundamentales de la ley moral natural que Dios ha inscrito en su corazón.

69. El problema del desarrollo en la actualidad está estrechamente unido al progreso tecnológico y a sus aplicaciones deslumbrantes en campo biológico. La técnica — conviene subrayarlo — es un hecho profundamente humano, vinculado a la autonomía y libertad del hombre. En la técnica se manifiesta y confirma el dominio del espíritu sobre la materia. «Siendo éste [el espíritu] “menos esclavo de las cosas, puede más fácilmente elevarse a la adoración y a la contemplación del Creador”»[150]. La técnica permite dominar la materia, reducir los riesgos, ahorrar esfuerzos, mejorar las condiciones de vida. Responde a la misma vocación del trabajo humano: en la técnica, vista como una obra del propio talento, el hombre se reconoce a sí mismo y realiza su propia humanidad. La técnica es el aspecto objetivo del actuar humano[151], cuyo origen y razón de ser está en el elemento subjetivo: el hombre que trabaja. Por eso, la técnica nunca es sólo técnica. Manifiesta quién es el hombre y cuáles son sus aspiraciones de desarrollo, expresa la tensión del ánimo humano hacia la superación gradual de ciertos condicionamientos materiales. La técnica, por lo tanto, se inserta en el mandato de cultivar y custodiar la tierra (cf. Gn 2,15), que Dios ha confiado al hombre, y se orienta a reforzar esa alianza entre ser humano y medio ambiente que debe reflejar el amor creador de Dios.

70. El desarrollo tecnológico puede alentar la idea de la autosuficiencia de la técnica, cuando el hombre se pregunta sólo por el cómo, en vez de considerar los porqués que lo impulsan a actuar. Por eso, la técnica tiene un rostro ambiguo. Nacida de la creatividad humana como instrumento de la libertad de la persona, puede entenderse como elemento de una libertad absoluta, que desea prescindir de los límites inherentes a las cosas. El proceso de globalización podría sustituir las ideologías por la técnica[152], transformándose ella misma en un poder ideológico, que expondría a la humanidad al riesgo de encontrarse encerrada dentro de un a priori del cual no podría salir para encontrar el ser y la verdad. En ese caso, cada uno de nosotros conocería, evaluaría y decidiría los aspectos de su vida desde un horizonte cultural tecnocrático, al que perteneceríamos estructuralmente, sin poder encontrar jamás un sentido que no sea producido por nosotros mismos. Esta visión refuerza mucho hoy la mentalidad tecnicista, que hace coincidir la verdad con lo factible. Pero cuando el único criterio de verdad es la eficiencia y la utilidad, se niega automáticamente el desarrollo. En efecto, el verdadero desarrollo no consiste principalmente en hacer. La clave del desarrollo está en una inteligencia capaz de entender la técnica y de captar el significado plenamente humano del quehacer del hombre, según el horizonte de sentido de la persona considerada en la globalidad de su ser. Incluso cuando el hombre opera a través de un satélite o de un impulso electrónico a distancia, su actuar permanece siempre humano, expresión de una libertad responsable. La técnica atrae fuertemente al hombre, porque lo rescata de las limitaciones físicas y le amplía el horizonte. Pero la libertad humana es ella misma sólo cuando responde a esta atracción de la técnica con decisiones que son fruto de la responsabilidad moral. De ahí la necesidad apremiante de una formación para un uso ético y responsable de la técnica. Conscientes de esta atracción de la técnica sobre el ser humano, se debe recuperar el verdadero sentido de la libertad, que no consiste en la seducción de una autonomía total, sino en la respuesta a la llamada del ser, comenzando por nuestro propio ser.

71. Esta posible desviación de la mentalidad técnica de su originario cauce humanista se muestra hoy de manera evidente en la tecnificación del desarrollo y de la paz. El desarrollo de los pueblos es considerado con frecuencia como un problema de ingeniería financiera, de apertura de mercados, de bajadas de impuestos, de inversiones productivas, de reformas institucionales, en definitiva como una cuestión exclusivamente técnica. Sin duda, todos estos ámbitos tienen un papel muy importante, pero deberíamos preguntarnos por qué las decisiones de tipo técnico han funcionado hasta ahora sólo en parte. La causa es mucho más profunda. El desarrollo nunca estará plenamente garantizado por fuerzas que en gran medida son automáticas e impersonales, ya provengan de las leyes de mercado o de políticas de carácter internacional. El desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y agentes políticos que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común. Se necesita tanto la preparación profesional como la coherencia moral. Cuando predomina la absolutización de la técnica se produce una confusión entre los fines y los medios, el empresario considera como único criterio de acción el máximo beneficio en la producción; el político, la consolidación del poder; el científico, el resultado de sus descubrimientos. Así, bajo esa red de relaciones económicas, financieras y políticas persisten frecuentemente incomprensiones, malestar e injusticia; los flujos de conocimientos técnicos aumentan, pero en beneficio de sus propietarios, mientras que la situación real de las poblaciones que viven bajo y casi siempre al margen de estos flujos, permanece inalterada, sin posibilidades reales de emancipación.

72. También la paz corre a veces el riesgo de ser considerada como un producto de la técnica, fruto exclusivamente de los acuerdos entre los gobiernos o de iniciativas tendentes a asegurar ayudas económicas eficaces. Es cierto que la construcción de la paz necesita una red constante de contactos diplomáticos, intercambios económicos y tecnológicos, encuentros culturales, acuerdos en proyectos comunes, como también que se adopten compromisos compartidos para alejar las amenazas de tipo bélico o cortar de raíz las continuas tentaciones terroristas. No obstante, para que esos esfuerzos produzcan efectos duraderos, es necesario que se sustenten en valores fundamentados en la verdad de la vida. Es decir, es preciso escuchar la voz de las poblaciones interesadas y tener en cuenta su situación para poder interpretar de manera adecuada sus expectativas. Todo esto debe estar unido al esfuerzo anónimo de tantas personas que trabajan decididamente para fomentar el encuentro entre los pueblos y favorecer la promoción del desarrollo partiendo del amor y de la comprensión recíproca. Entre estas personas encontramos también fieles cristianos, implicados en la gran tarea de dar un sentido plenamente humano al desarrollo y la paz.

73. El desarrollo tecnológico está relacionado con la influencia cada vez mayor de los medios de comunicación social. Es casi imposible imaginar ya la existencia de la familia humana sin su presencia. Para bien o para mal, se han introducido de tal manera en la vida del mundo, que parece realmente absurda la postura de quienes defienden su neutralidad y, consiguientemente, reivindican su autonomía con respecto a la moral de las personas. Muchas veces, tendencias de este tipo, que enfatizan la naturaleza estrictamente técnica de estos medios, favorecen de hecho su subordinación a los intereses económicos, al dominio de los mercados, sin olvidar el deseo de imponer parámetros culturales en función de proyectos de carácter ideológico y político. Dada la importancia fundamental de los medios de comunicación en determinar los cambios en el modo de percibir y de conocer la realidad y la persona humana misma, se hace necesaria una seria reflexión sobre su influjo, especialmente sobre la dimensión ético-cultural de la globalización y el desarrollo solidario de los pueblos. Al igual que ocurre con la correcta gestión de la globalización y el desarrollo, el sentido y la finalidad de los medios de comunicación debe buscarse en su fundamento antropológico. Esto quiere decir que pueden ser ocasión de humanización no sólo cuando, gracias al desarrollo tecnológico, ofrecen mayores posibilidades para la comunicación y la información, sino sobre todo cuando se organizan y se orientan bajo la luz de una imagen de la persona y el bien común que refleje sus valores universales. El mero hecho de que los medios de comunicación social multipliquen las posibilidades de interconexión y de circulación de ideas, no favorece la libertad ni globaliza el desarrollo y la democracia para todos. Para alcanzar estos objetivos se necesita que los medios de comunicación estén centrados en la promoción de la dignidad de las personas y de los pueblos, que estén expresamente animados por la caridad y se pongan al servicio de la verdad, del bien y de la fraternidad natural y sobrenatural. En efecto, la libertad humana está intrínsecamente ligada a estos valores superiores. Los medios pueden ofrecer una valiosa ayuda al aumento de la comunión en la familia humana y al ethos de la sociedad, cuando se convierten en instrumentos que promueven la participación universal en la búsqueda común de lo que es justo.

74. En la actualidad, la bioética es un campo prioritario y crucial en la lucha cultural entre el absolutismo de la técnica y la responsabilidad moral, y en el que está en juego la posibilidad de un desarrollo humano e integral. Éste es un ámbito muy delicado y decisivo, donde se plantea con toda su fuerza dramática la cuestión fundamental: si el hombre es un producto de sí mismo o si depende de Dios. Los descubrimientos científicos en este campo y las posibilidades de una intervención técnica han crecido tanto que parecen imponer la elección entre estos dos tipos de razón: una razón abierta a la trascendencia o una razón encerrada en la inmanencia. Estamos ante un aut aut decisivo. Pero la racionalidad del quehacer técnico centrada sólo en sí misma se revela como irracional, porque comporta un rechazo firme del sentido y del valor. Por ello, la cerrazón a la trascendencia tropieza con la dificultad de pensar cómo es posible que de la nada haya surgido el ser y de la casualidad la inteligencia[153]. Ante estos problemas tan dramáticos, razón y fe se ayudan mutuamente. Sólo juntas salvarán al hombre. Atraída por el puro quehacer técnico, la razón sin la fe se ve avocada a perderse en la ilusión de su propia omnipotencia. La fe sin la razón corre el riesgo de alejarse de la vida concreta de las personas[154].

75. Pablo VI había percibido y señalado ya el alcance mundial de la cuestión social[155]. Siguiendo esta línea, hoy es preciso afirmar que la cuestión social se ha convertido radicalmente en una cuestión antropológica, en el sentido de que implica no sólo el modo mismo de concebir, sino también de manipular la vida, cada día más expuesta por la biotecnología a la intervención del hombre. La fecundación in vitro, la investigación con embriones, la posibilidad de la clonación y de la hibridación humana nacen y se promueven en la cultura actual del desencanto total, que cree haber desvelado cualquier misterio, puesto que se ha llegado ya a la raíz de la vida. Es aquí donde el absolutismo de la técnica encuentra su máxima expresión. En este tipo de cultura, la conciencia está llamada únicamente a tomar nota de una mera posibilidad técnica. Pero no han de minimizarse los escenarios inquietantes para el futuro del hombre, ni los nuevos y potentes instrumentos que la «cultura de la muerte» tiene a su disposición. A la plaga difusa, trágica, del aborto, podría añadirse en el futuro, aunque ya subrepticiamente in nuce, una sistemática planificación eugenésica de los nacimientos. Por otro lado, se va abriendo paso una mens eutanasica, manifestación no menos abusiva del dominio sobre la vida, que en ciertas condiciones ya no se considera digna de ser vivida. Detrás de estos escenarios hay planteamientos culturales que niegan la dignidad humana. A su vez, estas prácticas fomentan una concepción materialista y mecanicista de la vida humana. ¿Quién puede calcular los efectos negativos sobre el desarrollo de esta mentalidad? ¿Cómo podemos extrañarnos de la indiferencia ante tantas situaciones humanas degradantes, si la indiferencia caracteriza nuestra actitud ante lo que es humano y lo que no lo es? Sorprende la selección arbitraria de aquello que hoy se propone como digno de respeto. Muchos, dispuestos a escandalizarse por cosas secundarias, parecen tolerar injusticias inauditas. Mientras los pobres del mundo siguen llamando a la puerta de la opulencia, el mundo rico corre el riesgo de no escuchar ya estos golpes a su puerta, debido a una conciencia incapaz de reconocer lo humano. Dios revela el hombre al hombre; la razón y la fe colaboran a la hora de mostrarle el bien, con tal que lo quiera ver; la ley natural, en la que brilla la Razón creadora, indica la grandeza del hombre, pero también su miseria, cuando desconoce el reclamo de la verdad moral.

76. Uno de los aspectos del actual espíritu tecnicista se puede apreciar en la propensión a considerar los problemas y los fenómenos que tienen que ver con la vida interior sólo desde un punto de vista psicológico, e incluso meramente neurológico. De esta manera, la interioridad del hombre se vacía y el ser conscientes de la consistencia ontológica del alma humana, con las profundidades que los Santos han sabido sondear, se pierde progresivamente. El problema del desarrollo está estrechamente relacionado con el concepto que tengamos del alma del hombre, ya que nuestro yo se ve reducido muchas veces a la psique, y la salud del alma se confunde con el bienestar emotivo. Estas reducciones tienen su origen en una profunda incomprensión de lo que es la vida espiritual y llevan a ignorar que el desarrollo del hombre y de los pueblos depende también de las soluciones que se dan a los problemas de carácter espiritual. El desarrollo debe abarcar, además de un progreso material, uno espiritual, porque el hombre es «uno en cuerpo y alma»[156], nacido del amor creador de Dios y destinado a vivir eternamente. El ser humano se desarrolla cuando crece espiritualmente, cuando su alma se conoce a sí misma y la verdad que Dios ha impreso germinalmente en ella, cuando dialoga consigo mismo y con su Creador. Lejos de Dios, el hombre está inquieto y se hace frágil. La alienación social y psicológica, y las numerosas neurosis que caracterizan las sociedades opulentas, remiten también a este tipo de causas espirituales. Una sociedad del bienestar, materialmente desarrollada, pero que oprime el alma, no está en sí misma bien orientada hacia un auténtico desarrollo. Las nuevas formas de esclavitud, como la droga, y la desesperación en la que caen tantas personas, tienen una explicación no sólo sociológica o psicológica, sino esencialmente espiritual. El vacío en que el alma se siente abandonada, contando incluso con numerosas terapias para el cuerpo y para la psique, hace sufrir. No hay desarrollo pleno ni un bien común universal sin el bien espiritual y moral de las personas, consideradas en su totalidad de alma y cuerpo.

77. El absolutismo de la técnica tiende a producir una incapacidad de percibir todo aquello que no se explica con la pura materia. Sin embargo, todos los hombres tienen experiencia de tantos aspectos inmateriales y espirituales de su vida. Conocer no es sólo un acto material, porque lo conocido esconde siempre algo que va más allá del dato empírico. Todo conocimiento, hasta el más simple, es siempre un pequeño prodigio, porque nunca se explica completamente con los elementos materiales que empleamos. En toda verdad hay siempre algo más de lo que cabía esperar, en el amor que recibimos hay siempre algo que nos sorprende. Jamás deberíamos dejar de sorprendernos ante estos prodigios. En todo conocimiento y acto de amor, el alma del hombre experimenta un «más» que se asemeja mucho a un don recibido, a una altura a la que se nos lleva. También el desarrollo del hombre y de los pueblos alcanza un nivel parecido, si consideramos la dimensión espiritual que debe incluir necesariamente el desarrollo para ser auténtico. Para ello se necesitan unos ojos nuevos y un corazón nuevo, que superen la visión materialista de los acontecimientos humanos y que vislumbren en el desarrollo ese «algo más» que la técnica no puede ofrecer. Por este camino se podrá conseguir aquel desarrollo humano e integral, cuyo criterio orientador se halla en la fuerza impulsora de la caridad en la verdad.

 

CONCLUSIÓN

78. Sin Dios el hombre no sabe adonde ir ni tampoco logra entender quién es. Ante los grandes problemas del desarrollo de los pueblos, que nos impulsan casi al desasosiego y al abatimiento, viene en nuestro auxilio la palabra de Jesucristo, que nos hace saber: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). Y nos anima: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final del mundo» (Mt 28,20). Ante el ingente trabajo que queda por hacer, la fe en la presencia de Dios nos sostiene, junto con los que se unen en su nombre y trabajan por la justicia. Pablo VI nos ha recordado en la Populorum progressio que el hombre no es capaz de gobernar por sí mismo su propio progreso, porque él solo no puede fundar un verdadero humanismo. Sólo si pensamos que se nos ha llamado individualmente y como comunidad a formar parte de la familia de Dios como hijos suyos, seremos capaces de forjar un pensamiento nuevo y sacar nuevas energías al servicio de un humanismo íntegro y verdadero. Por tanto, la fuerza más poderosa al servicio del desarrollo es un humanismo cristiano,[157] que vivifique la caridad y que se deje guiar por la verdad, acogiendo una y otra como un don permanente de Dios. La disponibilidad para con Dios provoca la disponibilidad para con los hermanos y una vida entendida como una tarea solidaria y gozosa. Al contrario, la cerrazón ideológica a Dios y el indiferentismo ateo, que olvida al Creador y corre el peligro de olvidar también los valores humanos, se presentan hoy como uno de los mayores obstáculos para el desarrollo. El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano. Solamente un humanismo abierto al Absoluto nos puede guiar en la promoción y realización de formas de vida social y civil —en el ámbito de las estructuras, las instituciones, la cultura y el ethos—, protegiéndonos del riesgo de quedar apresados por las modas del momento. La conciencia del amor indestructible de Dios es la que nos sostiene en el duro y apasionante compromiso por la justicia, por el desarrollo de los pueblos, entre éxitos y fracasos, y en la tarea constante de dar un recto ordenamiento a las realidades humanas. El amor de Dios nos invita a salir de lo que es limitado y no definitivo, nos da valor para trabajar y seguir en busca del bien de todos, aun cuando no se realice inmediatamente, aun cuando lo que consigamos nosotros, las autoridades políticas y los agentes económicos, sea siempre menos de lo que anhelamos[158]. Dios nos da la fuerza para luchar y sufrir por amor al bien común, porque Él es nuestro Todo, nuestra esperanza más grande.

79. El desarrollo necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios en oración, cristianos conscientes de que el amor lleno de verdad, caritas in veritate, del que procede el auténtico desarrollo, no es el resultado de nuestro esfuerzo sino un don. Por ello, también en los momentos más difíciles y complejos, además de actuar con sensatez, hemos de volvernos ante todo a su amor. El desarrollo conlleva atención a la vida espiritual, tener en cuenta seriamente la experiencia de fe en Dios, de fraternidad espiritual en Cristo, de confianza en la Providencia y en la Misericordia divina, de amor y perdón, de renuncia a uno mismo, de acogida del prójimo, de justicia y de paz. Todo esto es indispensable para transformar los «corazones de piedra» en «corazones de carne» (Ez 36,26), y hacer así la vida terrena más «divina» y por tanto más digna del hombre. Todo esto es del hombre, porque el hombre es sujeto de su existencia; y a la vez es de Dios, porque Dios es el principio y el fin de todo lo que tiene valor y nos redime: «el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios» (1 Co 3,22-23). El anhelo del cristiano es que toda la familia humana pueda invocar a Dios como «Padre nuestro». Que junto al Hijo unigénito, todos los hombres puedan aprender a rezar al Padre y a suplicarle con las palabras que el mismo Jesús nos ha enseñado, que sepamos santificarlo viviendo según su voluntad, y tengamos también el pan necesario de cada día, comprensión y generosidad con los que nos ofenden, que no se nos someta excesivamente a las pruebas y se nos libre del mal (cf. Mt 6,9-13).

Al concluir el Año Paulino, me complace expresar este deseo con las mismas palabras del Apóstol en su carta a los Romanos: «Que vuestra caridad no sea una farsa: aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo» (12,9-10). Que la Virgen María, proclamada por Pablo VI Mater Ecclesiae y honrada por el pueblo cristiano como Speculum iustitiae y Regina pacis, nos proteja y nos obtenga por su intercesión celestial la fuerza, la esperanza y la alegría necesaria para continuar generosamente la tarea en favor del «desarrollo de todo el hombre y de todos los hombres»[159].

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo, del año 2009, quinto de mi Pontificado.

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EDUCACIÓN NO FORMAL

 

EDUCACIÓN NO FORMAL

APORTES PARA LA  V  CONFERENCIA EPISCOPAL DEL CELAM
Mayo – 2007             En Aparecida (Brasil)

“ Todos los hombres de cualquier raza, condición y edad, por poseer la dignidad de persona, tienen derecho inalienable a una educación…”

( Gravissimum educationis Nº 1 Vaticano II)

INTRODUCCIÓN.
La proximidad de V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe nos invita a reflexionar acerca de nuestra Misión educativa y la dimensión evangelizadora de la misma en nuestra población a semejanza del encuentro y discipulado que Jesús vivió, en el ámbito de la educación no formal.

Es importante que todo hombre llamado por Jesús tome conciencia de la Misión que debe asumir, dando testimonio de la fe que desea  predicar.
Nuestra acción  pastoral encuentra en Jesucristo Vivo el punto de partida, para las diversas dimensiones de todos los integrantes de una comunidad de fe  donde se tenga un espacio de  convivencia y solidaridad humana
“El encuentro con Jesucristo vivo” es el punto de partida de toda acción pastoral. El encuentro con Jesucristo nos introduce en las dimensiones mas profundas de la vida: de la persona, de la Iglesia, del cosmos, de la historia de la humanidad y del mismo Dios que se hace más cercano y accesible en su misterio.

FUNDAMENTACIÓN

SER DISCÍPULOS.
Toda vida cristiana tiene su fundamento en el Sacramento del Bautismo. Es el acceso a la vida en el Espíritu, la puerta de ingreso a todos los demás sacramentos. Mediante el bautismo Cristo perdona los pecados y por la acción del Espíritu  nacemos como hijos de Dios.
Llegamos a ser miembros del Cuerpo de Cristo, somos incorporados a la Familia de Dios, y recibimos la vocación a la santidad y al apostolado. Como partícipes de la misión de la Iglesia.
El Sacramento de la Confirmación, juntamente con el Bautismo y la Eucaristía, constituyen el conjunto de “los sacramentos de la iniciación Cristiana”. Este sacramento une a los bautizados más estrechamente a la comunión y la misión de la Iglesia, y nos enriquece con el Don del Espíritu de Jesús, para que seamos testigos valientes del evangelio de Jesucristo ante el mundo.

Con el sacramento de la Eucaristía culmina la iniciación cristiana. Por ello los discípulos y misioneros de Jesús participan, con toda la comunidad, en el sacrificio mismo de nuestro Señor ( Cat.nº 1322). Los diversos aspectos de este sacramento muestran su inagotable riqueza: son, al mismo tiempo, sacramento y sacrificio.

Se llega a ser Cristiano, mediante un itinerario de iniciación cristiana que comporta varias etapas esenciales: el anuncio de la palabra, la acogida del Evangelio que lleva a la conversión, la profesión de fe, el Bautismo, la efusión del Espíritu Santo y el acceso a la comunión eucarística.
María de Nazaret, como Madre del Salvador, fue junto con San José, maestra de Jesús en su infancia (cf. Lc 2, 51). Pero fue, ante todo, la primera y más perfecta discípula que desde la Encarnación grabó en su corazón el Evangelio (cf. Lc  2,19). Como madre nuestra nos enseña a encontrar a Jesucristo y a convertirnos a Él, y a ser discípulos de tal manera asimilados a Jesucristo, que también nosotros lleguemos a ser en Él evangelio vivo del Padre.
 

DISCÍPULOS EN COMUNIÓN ECLESIAL
El llamado y el amor predilecto de Jesucristo por sus discípulos, crea ente ellos la comunión fraterna, una comunidad unida en Cristo.  Esa comunión fue el íntimo deseo que Jesús compartió en oración con su padre:

Te pido que todos sean uno lo mismo que lo somos tú y yo, Padre. Y que también ellos vivan unidos a nosotros  para  que  el  mundo crea que tú me has enviado”

(Jn 17,21)

En medio de la comunidad de los discípulos, María es acogida como Madre, así como fue el deseo de Jesús (cf. 19, 26-27). Desde entonces Ella es icono de una Iglesia que es Madre y Familia de los discípulos de su Hijo. Ella es también imagen de la ternura de la Iglesia que acoge a los discípulos de Jesús, y era con ellos y por ellos para que no decaigan en su fe y su esperanza. (cf. Hch 1,14)
También en nuestro tiempo debe ser algo distintivo de los discípulos no poder vivir sin el Domingo,  sin el encuentro con él, vivo en su Palabra, y sin la comunión con su Cuerpo y su Sangre. Celebran con gozo los demás acontecimientos de la salvación, sobre todo durante el año litúrgico, particularmente en la semana Santa, en la celebración de la navidad, misterio tan querido entre nosotros, y en diversas fiestas marianas. Crecen en amistad con Él por medio de la oración y la lectura orante de la Sagrada Escritura y las buenas obras. Así, iluminados y fortalecidos por Él, son enviados como misioneros al encuentro con todo hombre y mujer para anunciarles la experiencia de salvación en Jesucristo y para construir la comunidad humana en el amor, la justicia y la paz.

Los laicos, los miembros de los institutos de vida consagrada, los diáconos, los presbíteros, y los obispos, todos participan plenamente y a su modo del llamado y de la misión de Jesucristo. La tarea de construir la comunión eclesial, para que la Iglesia crezca como “casa y escuela de comunión”, se realiza de un modo orgánico a través de diversos ministerios, carismas y servicios. Todos estos ministerios y “todos los carismas, aún los que parecen más sencillos, están ordenados a la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del mundo”. Edificar la Iglesia ocurre con la colaboración de todos y necesita de una adecuada animación, coordinación y conducción pastoral, sobre todo de los sucesores de los apóstoles.

Los discípulos de Jesús participan activamente en la vida de la comunidad parroquial y diocesana, según su propia identidad. Un papel especial tienen las diferentes formas de movimientos y otras asociaciones eclesiales, que expresan en toda su diversidad las múltiples dimensiones de la vida cristiana, enriqueciendo con ello su unidad. La vida parroquial y la diocesana tienen que expresar, en los hechos, su carácter de “comunidad de comunidades y movimientos”.

DISCÍPULOS PARA LA MISIÓN
Jesús dio inicio a su misión con las palabras del profeta:
           
Me han ungido para anunciar la buena noticia a los pobres: me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos, a dar vida a los ciegos, liberar a los oprimidos y a proclamar un Año de Gracia del Señor” (Lc.4, 18-19)

Luego en la Última Cena, Jesús invita a sus discípulos a continuar su misión como realización de la voluntad del Padre: “El que reciba a quien yo envíe, me recibe a mi mismo y, al recibirme a mí, recibe al que me envío” (Jn 13,29), pero “quien los rechaza a ustedes, a mi me rechaza; y el que me rechaza a mi, rechaza al que me ha enviado” (Lc  10,16). Después de la Resurrección, al hacerles partícipes de su nueva Vida, les reitera la misión, y les entrega a Aquel que la hará posible y fecunda: “Como el Padre me ha enviado, yo también los envío a ustedes (...) Reciban el Espíritu Santo” (Jn 20, 21-22)”
Leemos en el Concilio todos los fieles, como miembros de Cristo vivo... tienen el deber de cooperar a la expansión y dilatación de su Cuerpo, para llevarlo cuanto antes a la plenitud (Ef 4, 13) (AG 36).
Encontrarse con Jesús y ser misionero suyo prepara al discípulo a acercarse a los diversos grupos culturales que requieren de una nueva cercanía y atención pastoral. Ellos son los grupos indígenas, afro descendientes y de inmigrantes, que requieren ser mejor acogidos y estimados en la rica pluralidad de sus valores y expresiones culturales, como también en la búsqueda de una mayor inculturación de la liturgia. Asimismo, la pastoral urbana y, en particular de las megápolis, debe estar atenta a encontrar nuevos modelos de evangelización, que tomen en cuenta estos lugares de gran densidad poblacional,  en muchos casos de hacinamiento y de graves desarraigos familiares y culturales.

Jesucristo llamó a todos sus discípulos a ser pobres de espíritu, a abrir su corazón y su vida a los dones de Dios, a ser agradecidos, a no poner su confianza en sí mismos, sino enteramente en el Señor. Así, movidos por el espíritu, llegaron a ser dichosos ciudadanos del Reino de los cielos (cf. Mt  5,3). Eran israelitas de muy diversa condición. Había entre ellos pobres y ricos, hombres cultos e iletrados, hombres y mujeres, sanos y enfermos. Pero todos fueron llamados a peregrinar por el camino de las bienaventuranzas, a ser pobres de espíritu, a ponerse en las manos del Padre, teniendo los sentimientos de Cristo, su Hijo y nuestro Señor. En la formación de los misioneros de Jesucristo, es una tarea irrenunciable de la Iglesia formar discípulos que compartan el abajamiento de Jesús que no exigió ser tratado conforme a su condición divina, sino optó por tomar la condición de siervo (cf. Flp 2, 5-8). Sólo con este espíritu de honda pobreza, pronto a confiar en la fuerza de Dios y no en la propia (cf. 2 Co 12, 9s)  y dispuesto a asumir la cruz y los encargos que Dios le confié, el discípulo puede ser misionero.

Especial atención merecen los grupos que animan y deciden la dirección que toman nuestros países en materias de educación, de economía, de trabajo, de arte, de comunicaciones y de política: los así llamados “constructores de la sociedad”. Sobre todo ellos están llamados a desechar estructuras marcadas por el pecado y a trabajar por un nuevo orden social más justo, equitativo e incluyente. Con frecuencia, sin embargo, se constata en muchos de ellos un fuerte divorcio entre las convicciones de fe cristiana que profesan y la puesta en práctica de los respectivos valores evangélicos en los campos que gestionan. El discípulo se compromete con coherencia de vida y de acción en la transformación de los sistemas políticos, económicos, laborales, culturales y sociales que mantienen en la miseria espiritual y material a millones en nuestro continente.
Otras urgencias requieren también la presencia y acción de discípulos de Jesús en nuestro Continente: la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural; el fortalecimiento de la familia frente a las leyes que la amenazan o destruyen; las denuncias de las campañas antinatalistas, de las políticas totalitarias de gobiernos que producen el  progresivo debilitamiento de la dignidad, libertad e identidad humana; la participación en una actividad políticas solidaria para buscar la justicia, la reconciliación, el perdón y la paz en las comunidades y en los pueblos; la promoción del derecho a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa sin falsos “laicismos”; la defensa del derecho al trabajo; la distribución equitativa de los bienes teniendo en cuenta su función social; la responsabilidad por el medio ambiente; la educación que prepare a las generaciones futuras de la sociedad y de la Iglesia.
En medio de la crisis de valores que se ve hoy, del desgarro por la seducción de modelos engañosos y fugaces y la frustración por la incapacidad de alcanzar el bienestar y la felicidad, mediante su vida y su palabra el discípulo tiene que apuntar hacia la esperanza que ofrece Jesucristo. En medio de los intentos salvajes del mercado que pretende convertir a todos en sujetos consumidores, los discípulos de Jesucristo son llamados a vivir y proponer otro camino: el de la dignidad humana y la libertad, la participación, la solidaridad y la austeridad de vida, la gratuidad y el servicio a los demás en un amor obediente y oblativo, aprendido en el continuo seguimiento de Jesús, su Maestro. Por eso reza la plegaria V del Misal Romano: “Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando”.

Otro campo prioritario para el discípulo de Jesús es el acercamiento y la búsqueda de unidad entre todos los que creemos en Cristo. Necesitamos aprender a vivir en un continente con múltiples confesiones cristianas, movimientos religiosos y sectas, y con una increencia que va en aumento. El trabajo ecuménico se verá extraordinariamente robustecido con la lectura orante de la Palabra de Dios, que nos ayudará a hacer realidad la oración de Jesús: “Que todos sean uno (...) para que el mundo crea que Tú me has enviado” (Jn 17,21), y con la colaboración en acciones comunes, que expresen cuanto nos une como fermento cristiano en medio del mundo.

¿CÓMO SER DISCÍPULO DE CRISTO HOY?

Cada discípulo, en su estado de vida y en su profesión, en el ambiente social en que vive y convive con otras personas, en el medio en que trabaja, precisa:
1.      Tener una experiencia de Jesucristo, mediante un encuentro fuerte con Él, y renovar muchas veces este encuentro durante la vida.
2.      Escuchar atentamente su Palabra, contemplarlo con admiración y dejarse invadir por EL (por su Palabra, su Amor y sus actitudes).
3.      Fortalecer la fe, esto es, la adhesión profunda y personal a Cristo, a tal punto que el discípulo sea capaz de invertir todo lo suyo en Cristo.
4.      Integrarse en la comunidad de los demás discípulos de Jesús (la Iglesia) a través de la Iniciación Cristiana y allí vivir en comunión como hermanos, para convivir con Cristo (oración, lectio divina, celebración de los sacramentos, principalmente de la eucaristía, solidaridad con los pobres, etc.) y acoger las enseñanzas de los sucesores de los apóstoles.
5.      Seguir a Jesucristo. El seguimiento es la moral cristiana. El discípulo, porque admira y ama profundamente a su Maestro y Señor, porque lo sigue de cerca con fidelidad y  esperanza, quiere recorrer los caminos del Evangelio: amar como Cristo amó, vivir como Él vivió y cumplir cuanto Él mandó.
6.      Ser misionero: Querer llevar a otros al encuentro con Cristo. Querer que Cristo sea para otros la Buena Nueva de su vida, así como lo es para él, de modo que también otros tengan la experiencia vivificadora y la profunda fe que se convirtió para él en el sentido de su vida.
7.      Ser testigo del Amor de Cristo, el discípulo trabaja en la sociedad para que ella acoja a todos conforme a su dignidad de hijos de Dios y los aliente a hacer fecundos los dones que de él recibió.
 
REALIDAD DE LATINOAMÉRICA Y EL CARIBE

En latino América y el Caribe encontramos la siguiente realidad.

a) Socio- económica y cultural: existe en nuestros países grupos menos favorecidos que viven en extrema pobreza: niños, jóvenes, mujeres, adultos de las ciudades y de grupos étnicos que no son atendidos integralmente pues carecen  de desarrollo de las competencias básicas como: lecto escritura, cálculo, expresión oral, así como de su identidad, auto estima, deberes y derechos; porque aún no han desarrollado habilidades para desempeñarse en actividades laborales independientes o como trabajadores dependientes.

b) Institucional. Se carece de un área de Educación No Formal que sirva de fortalecimiento, articulación, estrategias y promoción en los ámbitos de las conferencias episcopales de cada país y de las iglesias locales y que mantengan entre si estrecha coordinación de las experiencias exitosas  tanto de la iglesia como de la sociedad civil en el ámbito educativo.

c) De Acción Concertada. Existe una deficiente organización de redes y alianzas estratégicas entre las distintas instituciones de la iglesia, la sociedad civil, los sectores productivos y los espacios de participación local  a través de cual se comparta el sistema de información, base de datos de experiencias y materiales educativos.

d)  A nivel de formadores. Se presenta como uno de los grandes desafíos que está vigente porque no se ha trabajado o se ha hecho muy poco: la formación de formadores laicos y religiosos que desarrollen o potencien su nivel espiritual y de liderazgo sin  descuidar su dimensión humana, pastoral y técnica.

e) A nivel de la sociedad en general. Existen un desconocimiento de la importancia que tiene la Educación No Formal como una alternativa Educativa de los sectores menos favorecidos

f) En el caso Peruano. El Estado no valora la Educación No Formal en el Perú. Tan solo se viene desarrollando la denominada Educación Básica (EBA) que pretende incluir a los niños, jóvenes y adultos de las anteriormente denominadas Escuelas Vespertinas o “Nocturnas” dentro de la  legislación vigente.

g) A nivel Económico. No se cuenta con los recursos económicos y humanos necesarios para la realización de muchas de las actividades programadas.

LÍNEAS DE ACCIÓN

Consideramos que aún continúan vigentes los referentes y los desafíos que para la Educación No Formal y/o alternativa se plantearon  el CELAM – CIEC – CLAR en junio de 2004.


REFERENTE:
A partir de la opción preferencial por los pobres, priorizar las acciones de Educación No Formal o alternativa como medios de inclusión para el ejercicio de la ciudadanía y el fortalecimiento de la identidad como hijos de Dios. Proponemos:

1) Que las Conferencias Episcopales elaboren e incorporen orientaciones en sus planes pastorales para la Educación No Formal recogiendo y sistematizando las experiencias y la reflexión Latino Americana y del Caribe.

2)     Que se conformen redes nacionales y Latino Americanas de entidades que ofrecen opciones  de formación y educación alternativa, con el fin de sistematizar y consolidar modelos de trabajo planificados y contextualizados.

3) Que nuestro compromiso evangelizador en la Educación No Formal sea expresión del seguimiento a Cristo Maestro, pobre con los más pobres y excluidos, como un auténtico proceso de discipulado.

4)    Que las Instituciones y organizaciones evangelizadoras y/o educativas de la Iglesia reflexionen sobre su práctica y estructuras en función de la inclusión.

5) Fortalecer la formación de formadores evangelizadores y reflexivos de su práctica.

6) Que la Iglesia colabore a formular, implementar y evaluar políticas públicas que vayan a la raíz de los problemas o que ayuden a paliar las situaciones de emergencia.

7) Crear espacios de diálogo y de trabajo con distintos actores de la sociedad civil (trabajadores, empresarios, sindicatos, ONGs),  particularmente con otras confesiones religiosas para asumir como sociedad los desafíos de una educación para todos a fin de cada persona pueda desarrollar su proyecto de vida.

8) Proponer modelos y métodos de educación evangelizadora para los más pobres, de forma integral y con opciones concretas para las necesidades de su contexto.

9) Abrir espacios para aportar procesos de alfabetización e infoalfabetización especialmente en las áreas rurales y suburbanas, haciendo también de las acciones pastorales espacios pedagógicos.

10) Priorizar el uso de los medios de comunicación Social para una más eficiente  transmisión de los valores evangélicos y no solo programas de práctica religiosa.

11) Propiciar desde la Pastoral catequética la alfabetización de niños, jóvenes y adultos orientada al logro de capacidades fundamentales.

12) Desde  los  organismos de la Iglesia atender a las personas en riesgo: Pobreza, desnutrición  SIDA, Alcoholismo, drogadicción, prostitución, etc. No sólo en el aspecto biológico y espiritual sino también psicológico y educativo.

Lima, Marzo 2007

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EDUCACIÓN INICIAL


 

CONFERENCIA EPISCOPAL PERUANA

OFICINA NACIONAL DE EDUCACIÓN CATÓLICA

ÁREA DE FORMACIÓN RELIGIOSA

PROGRAMA CURRICULAR BÁSICO PARA NIÑOS Y NIÑAS DE 0 A 5 AÑOS

NIVEL INICIAL

2008

FUNDAMENTACIÓN

El Programa Curricular Básico del Área de Formación Religiosa, tiene como propósito desarrollar y potenciar el ser esencial del hombre, porque el ser humano es esencialmente religioso y desde aquí contribuir en la formación de su personalidad y en su desarrollo integral así como en la inserción de las niñas como personas y como miembros activos de una gran familia que es  la Iglesia, con la finalidad de que desde su temprana edad vayan en camino de la autorrealización – felicidad, desenvolviéndose como personas responsables, conscientes, libres... felices. Para la formación de su identidad, es necesario que los alumnos conozcan su cultura, en la que el cristianismo junto con el idioma castellano han jugado un rol trascendental y han tenido una decisiva participación en el origen de la Nación Peruana. La identificación con su propia cultura propicia que el niño pueda concebir, entender y conocer a un Jesús Hijo de Dios que se encarnó, nació y creció en un pueblo y en un contexto y momento histórico concreto.

En el proceso de su desarrollo integral y en la interacción con el contexto que rodea al niño(a), van descubriendo a un Dios presente en la historia, en la naturaleza, en sus semejantes  y en todos los seres. Esto les permite intuir y descubrir la grandeza y la sabiduría de Dios, experimentar su presencia en sus vidas y darse cuenta del amor que Él les tiene como Padre y Creador, esto hace que ellas  vayan estableciendo vínculos de fraternidad con la naturaleza y el entorno y se comprometan en su respeto y cuidado relacionándose armónicamente con los demás; porque todos los seres humanos están llamados desde que nacen a restablecer la fraternidad universal: TODOS SOMOS HERMANOS PORQUE DIOS ES NUESTRO PADRE Y HACEDOR. Asimismo, en este proceso de conocimiento de Dios, las niñas van descubriendo, conociendo e identificándose con Jesucristo – Hijo de Dios quien muere en la cruz y resucita para darles vida nueva, mostrando el amor del Padre por toda la humanidad. Del mismo modo, van  comprometiéndose en el seguimiento de Jesucristo asumiendo cada día los valores evangélicos que Él les enseña con su vida y sus palabras, igualmente van  conociendo, respetando y amando a María como Madre de Dios y Madre de todos los cristianos.

Por otra parte, al darse cuenta el niño y la niña que pertenece a una familia que le ha dado la vida humana, puede intuir y descubrir a Dios como familia trinitaria: Padre, Hijo y Espíritu Santo y tomar conciencia que forma parte de una gran familia universal, comunidad de hermanos que es la Iglesia cuya vida depende de la presencia viva del Espíritu Santo que la anima en el caminar de la historia.

Partiendo del descubrimiento y conocimiento de sí mismas somos seres únicos e irrepetibles, este Programa Curricular pretende potenciar en las niñas desde temprana edad, las capacidades innatas recibidas de su Creador como: la capacidad de amar, de pensar, de decidir, la sensibilidad para percibir, admirar y disfrutar la belleza de la obra de la creación, la gratitud por todos los dones recibidos y especialmente la bondad, cuando Dios los creó vio que lo que había hecho era muy bueno[1], por lo tanto los seres humanos son esencialmente buenos.


[1] Génesis Cáp.1 ver.31

Desde esta perspectiva se pretende iniciar a las niñas en el seguimiento de Jesucristo teniendo en cuenta tres componentes:

¨      Camino de fe

La iniciación de las niñas en el camino de fe está estrechamente ligado al desarrollo evolutivo de estas, especialmente al aspecto moral.

las niñas de
0 a 5 años se ubican en el nivel pre convencional del desarrollo moral, la conciencia moral es heterónoma. El desarrollo moral está condicionado por las experiencias afectivas, personales y culturales de su entorno, pero a la vez es un proceso que coincide con el desarrollo cognitivo. Los niños van conociendo y adquiriendo los primeros principios fundamentales de la fe, en este sentido, el rol del maestro y de los padres juega un papel decisivo en la formación de la conciencia moral del niño y la niña porque para ellas es significativo lo que ven, escuchan y viven en relación con los adultos, estas experiencias van pasando a su mundo interior y las van haciendo suyas. Esto exige de los adultos vivir coherentemente con la fe que profesan y tener una conciencia recta para poder acompañar a los pequeños en el  proceso de iniciación y crecimiento de su fe.¨       Camino de vida

A través de este componente se busca que los principios de fe que las niñas van conociendo sean aplicados en la vida diaria para evitar que haya un divorcio entre la fe y la vida. La práctica de los valores evangélicos y virtudes cristianas en las niñas tiene como punto de partida las primeras experiencias que van teniendo de Dios a medida que le van descubriendo y conociendo como Padre y Creador, del mismo modo parte de un acercamiento a la persona de Jesucristo y su mensaje: el Evangelio. En la medida que las niñas descubren los valores de Jesús y sus actitudes se van comprometiendo a vivir como Él, van asumiendo y practicando en su actuar diario lo que aprenden, es decir se realiza la unidad entre fe y vida que implica practicar lo descubierto. La práctica de un valor mediante actos constantes del comportamiento llega a convertirse en una actitud (evangélica) y por ende en una virtud.

¨       Aspecto trascendente

El ser humano por naturaleza es un ser trascendente por ser creación de Dios. En la edad preescolar los niños viven diversas experiencias y vivencias que pasan a formar parte de su mundo interior influyendo en la configuración de su personalidad e identidad, armónicamente con estos aspectos se desarrolla la dimensión trascendente. Las niñas desde temprana edad son capaces de intuir que son creados a imagen y semejanza de Dios y que Él es el único que da sentido y plenitud a la vida humana. Esta dimensión se va desarrollando paralelamente con la formación de su personalidad de modo que integralmente van sentando las bases de su identidad. Este componente busca cultivar el espíritu religioso de las niñas para el encuentro cotidiano con Dios y para que sean capaces de ver su historia como una historia de salvación eterna.

LOGROS DE APRENDIZAJE POR CICLOS


inicial

primaria

secundaria
I CICLO
II CICLO
III CICLO
IV CICLO
V CICLO
VI CICLO
VII CICLO
Camino de fe, Camino de vida, Aspecto trascendente

Descubre a Dios como creador e intuye que su Espíritu está presente dando vida a todo lo creado y que Jesucristo es amigo y Salvador participando en la Iglesia e interactuando con su familia y otros seres que le rodean.

Descubre a Dios como creador presente por su Espíritu en todos los seres vivientes y en todo lo creado, que revela su amor a la humanidad en su Hijo Jesucristo quien establece la Iglesia como familia de fe, que lo invita a participar interactuando armónicamente con todos los que le rodean.

Camino de fe
Se interesa por conocer el plan amoroso de Dios para la humanidad expresado en la creación de la naturaleza y del ser humano y reconoce que Jesús como hijo de Dios cumple las promesas de Dios hechas al pueblo de Israel. Agradece a Dios el don de la vida.
Reconoce y acepta que Jesús como hijo de Dios es la plena revelación del Padre que nos da a conocer su mensaje de salvación y se esfuerza en la vida diaria por vivir en coherencia con las enseñanzas de Jesús.
Profundiza en el conocimiento del plan salvador de Dios expresado en Cristo Jesús y lo acoge como salvador suyo y de la humanidad, y de acuerdo a sus posibilidades, trabaja con otros en la construcción de su Reino.
Camino de fe
Profundiza y reflexiona en el plan salvador de Dios anunciado en los profetas y realizado en Cristo Jesús. Adapta su vida a las enseñanzas de Jesús y Trabaja con todos en la construcción de su Reino.
Profundiza y acoge en su vida el plan salvador de Dios, realizado en Cristo por acción del Espíritu Santo, lo difunde empleando diversos medios y se compromete con otros en la construcción del Reino.
Camino de vida
Coopera en la conservación y cuidado de la naturaleza y de la vida y agradece a Dios por asociarlo en su obra creadora y por las manifestaciones de su amor expresadas en su hijo Jesús. Practica las oraciones básicas.
Acepta y vive las enseñanzas de Jesús que nos invita a vivir como hijos de Dios y hermanos en una comunidad de fe. Recibe los sacramentos y practica las obras de misericordia.
Participa en una comunidad de creyentes en donde profundiza y acoge la palabra de Dios, la da a conocer a los demás y da testimonio de su fe en la vida diaria. Practica las obras de misericordia. Recibe los sacramentos, y vive las bienaventuranzas.
Camino de vida
Participa con alegría y valora su pertenencia a una comunidad de fe en donde acoge la invitación de Jesús de hacerse su discípulo y de identificar su vida con él. Desarrolla relaciones de solidaridad en su entorno.
Profundiza en el camino de discipulado aceptando a Cristo como Camino Verdad y Vida. Asume libremente responsabilidades en su comunidad de fe. Elabora un plan de vida con objetivos y acciones concretas y lo cumple.
Aspecto trascendente
Expresa con actos concretos el respeto por la toda forma de vida, el cuidado del cuerpo y de los amigos como cumplimiento de la voluntad de Dios. Práctica las oraciones básicas.
Promueve en su entorno relaciones de comunión con su familia, amigos y vecinos como respuesta a la invitación de Dios a trabajar por una mejor convivencia humana.
Se compromete a trabajar con otros en la promoción de la paz, la justicia, el respeto a los derechos humanos, como respuesta a la invitación de Dios a trabajar por una sociedad más justa y más humana y vive las bienaventuranzas.
Aspecto trascendente
Se compromete a trabajar con otros, de acuerdo a sus posibilidades, en la promoción de la justicia y la paz. Trabaja en la reconciliación consigo mismo, con los demás con Dios y con la naturaleza, como manifestación de su fe.
Promueve y da a conocer a otros la doctrina social de la Iglesia y se compromete en la defensa de la vida, los derechos humanos, la justicia y la paz, participando y promoviendo acciones como expresión de su fe religiosa.

 

CARTEL DE LOGROS DE APRENDIZAJE, CAPACIDADES Y ACTITUDES PARA NIÑAS DE 0 A 2 AÑOS

Componente

LOGROS DE APRENDIZAJE (COMPETENCIAS)

Descubre a Dios como creador e intuye que su Espíritu está presente dando vida a todo lo creado y que Jesucristo es amigo y Salvador participando en la Iglesia e interactuando con su familia y otros seres que le rodean.

CAPACIDADES Y ACTITUDES

0-6 MESES

6-9 MESES

9-12 MESES

1 AÑO

2 AÑOS

Camino de fe

1. Demuestra asombro al ver su figura que es imagen y semejanza de Dios.

2.  Experimenta seguridad y confianza en Dios al sentirse amado por sus padres o personas significativas.

3. Muestra alegría cuando escucha melodías de la vida de Jesús y otras canciones religiosas en compañía de sus padres.

4.  Entiende que tiene padres y hermanos que viven con él, expresa hacia ellos gestos de gratitud.

5.    Percibe el movimiento de los seres creados reflejo de la vida de Dios que hay en ellos.

1.  Demuestra interés al ver su figura que es imagen y semejanza de Dios.


2. Experimenta seguridad y confianza en Dios al sentirse amado por sus padres o personas significativas.
3.        Disfruta de las melodías que escucha y de los movimientos que realiza al compás de música religiosa
4.        Entiende que tiene padres y hermanos que viven con él, expresa hacia ellos gestos de colaboración

5.        Percibe el movimiento de los seres creados reflejo de la vida de Dios que hay en ellos.

1. Inicia la construcción de su identidad personal como imagen y semejanza de Dios cuando sus padres y maestros le ayudan a descubrirse así mismo y a los demás.

2. Establece las bases de la confianza básica en Dios desde la relación con las personas significativas que lo atienden y le dan afecto.


3.  Escucha cuentos sobre la vida de Jesús, y melodías religiosas con su familia.
4.        Se da cuenta que tiene una familia que Dios le ha dado como regalo, expresa hacia ella gestos de gratitud y colaboración.

5.        Percibe el movimiento de los seres creados como reflejo de la vida de Dios que hay en ellos.

1.        Afianza la construcción de su identidad personal como imagen y semejanza de Dios cuando sus padres y maestros le ayudan a  descubrir su capacidad de caminar y de realizar algunas cosas por sí mismo con libertad y autonomía participando en las actividades cotidianas.
2.        Afianza su confianza en Dios a través del afecto, la seguridad y confianza que recibe de las personas significativas que viven con él o ella.
3.        Escucha melodías religiosas, cuentos, narraciones y oraciones sobre la vida de Jesús y observa imágenes religiosas que se encuentran en su entorno con su familia
4.        Se da cuenta que pertenece a una familia que Dios le ha regalado, expresa hacia ella amor y colaboración.

5.        Intuye que Dios da el dinamismo a los seres creados que le rodean.

1.        Intuye que es creado por Dios a su imagen y semejanza al descubrir, con ayuda de los demás, su cuerpo y la capacidad de realizar cosas por sí mismo con libertad y autonomía participando en las actividades cotidianas de su familia y entorno.

2.        Adquiere las bases de la confianza básica en Dios desde la relación de amor y afecto con las personas significativas que lo rodean.
3.        Disfruta escuchando melodías religiosas, relatos, observando imágenes – vídeos de la vida de Jesús y compartiendo  vivencias con su familia y compañeros.

4.        Descubre que vive y pertenece a una familia que es la Iglesia reunida en nombre de Dios que lo respeta y lo cuida, colabora con ella en las actividades cotidianas.
5.        Intuye la presencia del Espíritu de Dios como dador de vida en los seres que le rodean.

 

Componente

LOGROS DE APRENDIZAJE (COMPETENCIAS)

Descubre a Dios como creador e intuye que su Espíritu está presente dando vida a todo lo creado y que Jesucristo es amigo y Salvador participando en la Iglesia e interactuando con su familia y otros seres que le rodean.

CAPACIDADES Y ACTITUDES

0-6 MESES

6-9 MESES

9-12 MESES

1 AÑO

2 AÑOS

Camino de vida

1.  Expresa satisfacción al sentirse amado, acogido y aceptado por Dios Padre mediante la relación con sus padres o personas significativas.

2.        Expresa asombro frente a los seres creados por Dios que le rodean interactuando con ellos.

3.        Percibe el valor de la bondad en las personas que lo atienden con cariño.


4.        Sigue con la mirada imágenes religiosas que se encuentran en su entorno.

 

1. Intuye el amor de Dios hacia el o ella al sentirse amado, acogido y aceptado por sus padres o personas significativas.

2.        Muestra curiosidad por toda la creación de Dios que le rodea mostrándose observador y receptivo frente a ella.

3.        Percibe el valor de la bondad en las personas que lo atienden con cariño.


4.        Fija su mirada en imágenes religiosas que se encuentran en su entorno.

 

1.   Se inicia en la experiencia de Dios Padre – Madre tierno y cercano que lo atiende, lo cuida, le da seguridad y lo toma de la mano para ayudarle a caminar interactuando con sus padres o personas significativas.

2.        Expresa asombro  frente a la creación de Dios que le rodean interactuando con ella, mostrándose observador y receptivo.

3.        Se inicia en la práctica de los valores de Jesús como: bondad, ayuda, gratitud en la relación con su familia.

4.        Reconoce con la mirada imágenes religiosas que se encuentran en su entorno

1.  Se inicia en la experiencia de Dios Padre – Madre bondadoso y fiel que lo ayuda, lo auxilia, lo quiere y le da seguridad interactuando con sus padres o personas significativas.


2.        Expresa admiración  frente a la creación de Dios que le rodean interactuando con ella y agradece a Dios repitiendo pequeñas oraciones.


3.        Se inicia en la práctica de los valores de Jesús como: bondad, ayuda, gratitud, compartir relacionándose con su familia y otros niños.

4.        Usa breves fórmulas de oración para comunicarse con Jesús

 

1.  Experimenta que Dios es Padre – Madre bueno, cariñoso y acogedor que perdona – disculpa, que lo quiere, lo acepta como es, lo cuida y ayuda y se preocupa por él o ella en diferentes circunstancias de su vida interactuando con sus padres o personas significativas.

2.        Admira y agradece a Dios por la naturaleza y expresa espontáneamente lo que siente y piensa.


3.        Practica algunos valores de la vida de Jesús: compartir, bondad, gratitud, ayuda, solidaridad y ternura en la relación con los demás.


4.        Expresa de forma sencilla sus experiencias y conocimientos de la vida de Jesús  a otros niños.

 

 

Componente

LOGROS DE APRENDIZAJE (COMPETENCIAS)

Descubre a Dios como creador e intuye que su Espíritu está presente dando vida a todo lo creado y que Jesucristo es amigo y Salvador participando en la Iglesia e interactuando con su familia y otros seres que le rodean.

CAPACIDADES Y ACTITUDES

0-6 MESES

6-9 MESES

9-12 MESES

1 AÑO

2 AÑOS

Aspecto trascendente

1.        Realiza algunos gestos amorosos imitando a sus padres u otras personas significativas que reflejan el amor de Jesús.

2.        Establece vínculos de fraternidad con su entorno familiar y natural, disfruta de la compañía de los demás.
3.        Goza con las manifestaciones de costumbres y tradiciones religiosas de su entorno.

 

1.        Imita los ademanes de sus padres y otras personas significativas que reflejan el amor de Jesús.
2.        Establece vínculos de fraternidad con su entorno familiar y natural, disfruta de la compañía de los demás.

3.        Observa con curiosidad los gestos, movimientos, sonidos en algunas fiestas y costumbres religiosas de su entorno.

1.        Imita los ademanes y gestos de Jesús que observa en los adultos y en imágenes relacionándose con sus padres.

2.        Establece relaciones de fraternidad con su entorno familiar y natural, disfruta de la compañía de los otros y de la naturaleza.

3.        Se inicia en el conocimiento de las tradiciones y costumbres religiosas de su entorno observando y participando con sus padres en actividades importantes.

1.        Imita ademanes y gestos de Jesús que observa en los adultos, en imágenes y audiovisuales en la relación con su familia y otros niños.

2.        Establece relaciones de fraternidad con su entorno familiar y natural, disfruta de la compañía de los otros y de la naturaleza interactuando con ellos.

3.        Participa con sus padres en actividades religiosas de su entorno descubriendo algunos lugares y costumbres religiosos.

1.        Imita algunos gestos y actitudes de Jesús que ha observado en los adultos, en imágenes y audiovisuales manifestándolos en la vida cotidiana.

2.        Agradece y disfruta de la creación de Dios relacionándose con los seres que le rodean y colaborando en el cuidado de lo creado.

3.        Participa en algunas fiestas y tradiciones religiosas propias de su entorno mostrando curiosidad por conocer más.

 

CARTEL DE LOGROS DE APRENDIZAJE, CAPACIDADES Y ACTITUDES PARA NIÑAS DE 3 A 5 AÑOS

Componente

LOGROS DE APRENDIZAJE (COMPETENCIAS)

Descubre a Dios como creador presente por su Espíritu en todos los seres vivientes y en todo lo creado, que revela su amor a la humanidad en su Hijo Jesucristo quien establece la Iglesia como familia de fe, que lo invita a participar interactuando armónicamente con todos los que le rodean.

CAPACIDADES Y ACTITUDES

3 AÑOS

4 AÑOS

5 AÑOS

Camino de fe

1.        Descubre que Dios lo ha creado a su imagen y semejanza y le ha dado un cuerpo que le permite interactuar con el entorno y se compromete en su cuidado y respeto.
2.        Conoce algunos personajes de la historia de la salvación, admira la acción de Dios en sus vidas y trata de imitarlos en las actividades de su Institución Educativa.
3.        Conoce a Jesucristo a través de la escucha de relatos, la observación de imágenes y audiovisuales de su vida y compartiendo experiencias y vivencias con sus compañeros en el aula.
4.        Descubre que su familia es la primera comunidad de amor que Dios le ha dado y expresa su pertenencia hacia ella demostrando cariño, respeto, comprensión hacia sus padres y hermanos.
5.        Intuye la presencia del Espíritu Santo en su vida personal al sentirse feliz cuando actúa bien y triste cuando hace lo contrario.

 

1.        Comprende que Dios lo ha creado a su imagen y semejanza y le ha dado un cuerpo que le permite interactuar con el entorno y se compromete en su cuidado y respeto.
2.        Identifica los personajes más importantes de la historia de la salvación y admira la acción de Dios en sus vidas imitándolos en las actividades de su Institución Educativa.
3.        Conoce a  Jesucristo a través de la escucha de relatos, la observación de imágenes y audiovisuales de su vida y compartiendo experiencias y vivencias con su entorno escolar.
4.        Descubre que la Iglesia es una familia de hermanos animada por el Espíritu Santo y se interesa por respetarla participando en ella.

5.        Intuye la presencia del Espíritu Santo en su vida personal y familiar al sentirse feliz cuando actúa bien y triste cuando hace lo contrario.

1.        Acepta que Dios lo ha creado a su imagen y semejanza y le ha dado un cuerpo que le permite interactuar con el entorno y se compromete en su cuidado y respeto.

2.        Valora los personajes más importantes de la historia de la salvación, admira la acción de Dios en sus vidas y trata de imitarlos en su vida personal participando en actividades de su comunidad.

3.        Conoce a Jesucristo y su mensaje escuchando relatos, observando imágenes y audiovisuales de su vida, compartiendo experiencias y vivencias con su entorno escolar, familiar y social.

4.        Descubre que pertenece a la Iglesia familia de hermanos animada por el Espíritu Santo y demuestra hacia ella amor y respeto participando en actividades eclesiales.

5.        Intuye la presencia del Espíritu Santo como dador de vida a todos los seres de su entorno al sentirse feliz cuando percibe la felicidad de los demás y actúa bien, y triste cuando hace lo contrario.

Componente

LOGROS DE APRENDIZAJE (COMPETENCIAS)

Descubre a Dios como creador presente por su Espíritu en todos los seres vivientes y en todo lo creado, que revela su amor a la humanidad en su Hijo Jesucristo quien establece la Iglesia como familia de fe, que lo invita a participar interactuando armónicamente con todos los que le rodean.

CAPACIDADES Y ACTITUDES

3 AÑOS

4 AÑOS

5 AÑOS

Camino de vida

1.        Descubre la paternidad – maternidad de Dios interactuando con sus padres o personas significativas.
2.        Agradece a Dios por la naturaleza y establece lazos de fraternidad con todos los seres que le rodean mostrando hacia ellos respeto y cuidado.
3.        Práctica algunos valores de Jesús: bondad, ayuda, gratitud, compartir, solidaridad, respeto en la relación con sus compañeros.

4.        Expresa sus vivencias y experiencias de la vida de Jesús usando diferentes lenguajes (oral, musical, gráfico plástico, corporal) e interactuando con sus compañeros del aula.

 

1.        Agradece la paternidad – maternidad de Dios interactuando con sus padres o personas significativas.

2.        Agradece a Dios por la naturaleza y establece lazos de fraternidad con todos los seres que le rodean mostrando hacia ellos admiración, respeto y cuidado.

3.        Identifica las virtudes, actitudes y valores de Jesús: cercanía, respeto, diálogo, escucha, solidaridad y los practica en la relación con los demás.

4.        Expresa sus vivencias y experiencias de la vida de Jesús usando diferentes lenguajes (oral, musical, gráfico plástico, corporal) e interactuando con sus compañeros del aula y entorno escolar.

1.        Valora la paternidad – maternidad de Dios que se refleja a través de sus padres o personas significativas que le rodean escuchando sus enseñanzas.

2.        Agradece a Dios por la naturaleza y establece lazos de fraternidad con todos los seres que le rodean mostrando hacia ellos admiración, respeto, cuidado y uso adecuado  de los elementos naturales.

3.        Asume en su vida las actitudes de Jesús y practica sus valores: cercanía, respeto, diálogo, escucha, solidaridad, compartir, responsabilidad en la relación con los demás.

4.        Expresa sus vivencias y experiencias de Jesús usando diferentes lenguajes (oral, musical, gráfico plástico, corporal) e interactuando con el entorno escolar y familiar.

Componente

LOGROS DE APRENDIZAJE (COMPETENCIAS)

Descubre a Dios como creador presente por su Espíritu en todos los seres vivientes y en todo lo creado, que revela su amor a la humanidad en su Hijo Jesucristo quien establece la Iglesia como familia de fe, que lo invita a participar interactuando armónicamente con todos los que le rodean.

CAPACIDADES Y ACTITUDES

3 AÑOS

4 AÑOS

5 AÑOS

Aspecto trascendente

1.        Descubre que Dios ha creado todos los seres para su bien, se compromete a colaborar con Dios en la protección del medio ambiente.

2.        Sigue el ejemplo de Jesús en la defensa de los derechos del niño defendiendo a otros niños que son objeto de maltrato o agresión por parte de otros.

3.        Descubre algunas situaciones de violencia e injusticia en su aula, se preocupa por relacionarse armónicamente con sus compañeros mostrando sentimientos de compasión.

4.        Ayuda espontáneamente a sus compañeros de aula en distintas circunstancias como lo hizo Jesús en su tiempo con la gente.

5.        Se inicia, como Jesús, en el proceso de identificarse con su lugar de nacimiento demostrando interés y curiosidad por conocer, entender y respetar los lugares, tradiciones y costumbres religiosos de su entorno participando en ellas.

1.        Comprende que Dios ha creado todos los seres para su bien y se inicia en asumir su misión de cocreador participando activamente en campañas de conservación del medio ambiente.

2.        Sigue el ejemplo de Jesús en la defensa de los derechos humanos defendiendo a otros niños que son objeto de maltrato o agresión por parte de otros.

3.        Identifica situaciones de violencia e injusticia en su entorno escolar, se relaciona armónica y pacíficamente con los demás demostrando compasión por los que sufren.

4.        Ayuda espontáneamente en la institución educativa y a otros niños en las distintas circunstancias que se encuentran como lo hizo Jesús en su tiempo con la gente

5.        Se identifica con su entorno religioso: tradiciones, costumbres y lugares; descubriendo en ellos algunos valores que imita y antivalores que rechaza al participar en celebraciones propias.

1.        Reconoce la importancia de los seres que Dios ha creado para su bien y asume su misión de cocreador promoviendo campañas de conservación del medio ambiente.

2.        Se compromete como Jesús en la defensa de los derechos humanos defendiendo a otras personas que son objeto de maltrato en la Institución educativa, en la familia y en otros ambientes.
3.        Propone formas para vivir en paz y justicia evitando manifestaciones y gestos de violencia e injusticia, demostrando sentimientos de compasión con los demás.
4.        Ayuda espontáneamente en su institución educativa y en otros ambientes a los demás en las distintas circunstancias que se encuentran como lo hizo Jesús en su tiempo con la gente.

5.        Participa en fiestas, tradiciones, costumbres y visitas a lugares religiosos de su entorno, valora lo que le ofrecen y colabora en el lugar donde se desenvuelve.

 

ORIENTACIONES METODOLÓGICAS


El ejemplo más vivo, sencillo y profundo de la integración de la fe y de la cultura es el realizado por el docente, cuando en la educación, va relacionando - unos con otros – todos los aspectos de la vida con las enseñanzas de la palabra de Dios que están siendo captados por el participante.

La metodología empleada debe ser activa, personalizada, comunitaria y vivencial para favorecer la acción de Dios en la vida del niño. Hay que tener en cuenta que el descubrimiento y experiencia personal de Dios está ligado a su crecimiento y maduración psicológica y fisiológica.

El niño de 0 a 5 años puede establecer una relación con Dios al igual que se relaciona con sus padres y el entorno. Es la edad ideal para sentar las bases de la confianza básica de la fe en Dios Padre – Madre bueno que nos ama, como punto de partida para continuar el proceso de experiencia de Dios en los años posteriores de la vida. El proceso de descubrimiento de Dios en la vida tiene que estar articulado al desarrollo evolutivo del niño, para que Dios sea una experiencia encarnada en la persona y no un concepto memorizado. Desde esta perspectiva proponemos algunos aspectos a tener en cuenta:

*     De 0 a 1 año las niñas  están aprendiendo a dar sus primeros pasos, partiendo de la relación que ellos tiene con sus padres o personas significativas, es el momento oportuno para iniciarles en la experiencia de que Dios es padre – Madre quien los toma de la mano para ayudarles a caminar, el que los levanta en sus caídas, aquel que está siempre cerca de ellos. Las niñas pueden ir conociendo algunas imágenes de Dios que pueden estar presentes en las imágenes y objetos que observan y manipulan.

*     De 1 a 2 años las niñas tienen un mayor dominio de sí mismos, frente a esta experiencia se les inicia en la intuición de la libertad y autonomía que Dios les ha dado al crearlos. Se inicia la formación de la voluntad.

*      Entre los 2 a 3 años las niñas tienen un mayor dominio motor de su cuerpo y el desarrollo del lenguaje es mayor llegando al uso de sustantivos. Partiendo de esta realidad es necesario potenciar en ellos su capacidad de admirar, de disfrutar de la obra de la creación, de experimentar a Dios presente en ella y de agradecer por lo que le rodea expresando sus vivencias de diferentes formas. A sí mismo iniciarle en el sentido de pertenencia a Dios que los ama como son, los acepta y perdona sus errores. Se inicia la formación de la conciencia moral.

*    Las niñas de 3 a 4 años han alcanzado una mayor capacidad para coordinar los movimientos y desarrollo de otras habilidades, esta experiencia les permitirá descubrir a Dios como creador que da vida a todos los seres, afirmar su identidad personal y cristiana, crecer en la confianza hacia los demás y en sí mismos básica para la confianza en Dios e iniciarse en la experiencia de gratuidad, perdón, misericordia, compasión disfrutando de los dones recibidos.

*     De 4 a 5 años se da una representación concreta del pensamiento, las niñas son capaces de darse cuenta de algunos de sus sentimientos, de pasar del amor egocéntrico al amor oblativo y altruista. De acuerdo a esta realidad en necesario propiciar en las niñas vivencias que les conduzcan crecer en su experiencia de Dios y en la práctica de las virtudes y valores de Jesús.q       De 5 a 6 años las niñas han avanzado en su desarrollo biológico y psicológico, es necesario propiciarles actividades que los ayuden a crecer en su descubrimiento y experiencia de Dios potenciando en ellos la capacidad de admiración y contemplación, de silencio y escucha, de crear y expresar su fe usando diferentes lenguajes, animarlos en la practica de virtudes y valores evangélicos e insertarlos en la experiencia y compromiso de Iglesia como comunidad de hermanos.

*      Las estrategias y actividades planificadas por el docente deben ofrecer a las niñas la posibilidad de descubrir el cosmos como creación de Dios, sentirse parte de él, relacionarse con él; es importante que las niñas sepan que tienen la misión de colaborar con Dios en la conservación y armonía de todo lo creado.

*      En la infancia se forma la columna vertebral de la fe, se inicia la formación de la conciencia moral y la inculcación de las virtudes cristianas. En la etapa de la niñez se continúa este proceso, se afianza lo vivido y experimentado: admiración, contemplación, respeto de lo creado, potenciando la bondad intrínseca que hay en ellas.

*      En el proceso de crecimiento de la fe y de la búsqueda de aprobación y seguridad en sí mismas, el docente debe conducir a los participantes, desde su realidad e historia personal, a descubrir a Dios que los ama como son con sus aciertos y errores y experimentar en él la seguridad plena que nunca falla, Dios siempre está presente, es la formación de la autoestima cristiana.

*      Es necesario que las niñas se comprometan como Jesús en el entorno donde viven. A esta edad pueden comprender el mensaje de Jesucristo y encontrar en él un paradigma seguro y fiel que vivió como ellas, pasó la frustración y la superó pasando de la muerte a la vida.

*      El docente debe insertarlos en un compromiso misionero en la Iglesia propiciando actividades que les motiven a comprometerse y participar con entusiasmo buscando respuestas evangélicas a los problemas sociales.

*      Cuando los participantes son de diversas confesiones religiosas la educación religiosa tiene un carácter ecuménico, Dios es el Dios de todos sin excepción, a todos llama sin excepción a participar de su Reino, a servir a los demás y a vivir el proyecto de las Bienaventuranzas y de las Obras de Misericordia cuyo culmen es el mandamiento del amor.

Las niñas descubren la gratuidad, grandeza, sabiduría y misericordia de Dios presente en la naturaleza y en los seres que le rodean interactuando con ellos, la creación entera habla de su creador; aprenden a descubrir el amor y la bondad de Dios en la familia: pequeño grupo social formado por individuos relacionados entre sí, con afectos recíprocos de personas que se conocen, se aman, se comprometen, perfilando la imagen de Dios detrás de la imagen de los padres primeros educadores en la Fe de sus hijos.

El docente debe acompañar el proceso de crecimiento en la fe de los participantes, especialmente con su testimonio de vida cristiana.

En la educación en la fe no podemos olvidar dos aspectos fundamentales de la vida del ser humano: el juego y la fiesta. Se aprende jugando, experimentando, celebrando.

Las actividades programadas  deben conducir necesariamente a los participantes a descubrir y experimentar la presencia de Dios en todo lo creado disfrutando con el entorno y comprometiéndose en su transformación y cuidado.

 

ORIENTACIONES PARA LA PROGRAMACIÓN

 

El docente debe tomar como base para el desarrollo de la programación de Educación Religiosa, los temas y experiencias considerados dentro de la programación general. En el proceso de diversificación, deben tener en consideración lo siguiente:
*   Determinar y contextualizar los temas que orientan la práctica educativa.
*    Seleccionar las capacidades, virtudes, valores y actitudes a partir de lo que se sugiere en el presente diseño curricular e incorporar otros, de acuerdo con la visión e intencionalidades del Plan Diocesano, del proyecto curricular del centro y de la filosofía de la Institución Educativa, y sobre todo considerando las características y necesidades de los estudiantes.
*    Determinar los criterios e indicadores de logro por cada una de las capacidades, conocimientos, virtudes, valores y actitudes seleccionadas.
*    Determinar las actividades y estrategias que aseguren el desencadenamiento de procesos de aprendizaje en la Comprensión de las Fuentes Doctrinales y del Discernimiento de la Fe que lleven a los estudiantes a experimentar en su vida personal la presencia de Dios.
*   Seleccionar materiales requeridos para el proceso de aprendizaje, aprovechando los recursos que el medio ofrece.

 

ORIENTACIONES PARA LA EVALUACIÓN

En la educación influyen muchos factores, tanto humanos como materiales, todos estos deben ser evaluados: el centro educativo, la tarea docente, la eficacia de las técnicas y procedimientos empleados, los recursos materiales, etc.
En la  Evaluación se recomienda:

1.   Dar todas las oportunidades posibles para que los niños superen sus dudas y dificultades.

2.   Tener en cuenta los criterios: logros de aprendizaje, capacidades y actitudes

3.   Considerar tres aspectos: conceptual, procedimental y actitudinal.

4.   Considerar el crecimiento de las niñas integralmente teniendo en cuenta todas sus interrelaciones

5.   Evaluar el cambio conductual en las niñas de forma secuencial y la adquisición de nuevas actitudes

6.   Posibilitar la autoevaluación de las niñas de su proceso de crecimiento

7.   Fomentar la coevaluación y heteroevaluación

8.   Propiciar momentos donde  las niñas evalúen al profesor 

9.   Es evaluable el trabajo hecho en clase, la oración espontánea y sencilla, las aplicaciones prácticas  en la vida, las frases o el vocabulario que utiliza y las relaciones vividas en la Institución Educativa y el trabajo de campo que realicen.

10. Es evaluable todo aquello que se les deja para realimentar los conocimientos y vivencias adquiridas (tareas individuales, proyectos a realizar en grupo o con la familia, etc.).

11. La evaluación de esta área tiene un carácter formativo, se sugiere la evaluación cualitativa y descriptiva.

12. La calificación en Inicial es literal y descriptiva. La escala de calificación es la propuesta por el Ministerio de Educación.

por corregir

§      Apertura al Espíritu del Señor = Fiarse de Dios
§      Criticidad = cosmovisión cristiana
§      Creatividad = posibilidades y talentos al servicio.
§      Espíritu de solidaridad con toda la creación = Comunión.
§      Compromiso con el Evangelio = acción

Cada encuentro debe conducir a una experiencia de Dios, con procedimientos activos, dejando que los participantes puedan expresarse e interiorizar  ayudándolos con los recursos didácticos apropiados para su edad.

A quienes nos escriben, incluyan su correo electrónico dentro del mensaje de consulta, de manera que podamos contestarles.

Gracias.

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EDUCACIÓN PRIMARIA

CONFERENCIA EPISCOPAL PERUANA

COMISIÓN EPISCOPAL DE EDUCACIÓN

OFICINA NACIONAL DE EDUCACIÓN CATÓLICA

EDUCACIÓN PRIMARIA DE MENORES

AÑO 2008

ÁREA: EDUCACIÓN RELIGIOSA

FUNDAMENTACIÓN.
El área de Educación Religiosa en el nivel de Educación Primaria pretende dar a conocer a los niños y niñas del Perú, las Principales verdades de la Fe cristiana; Verdades que constituyen el núcleo de nuestra cultura y uno de los rasgos de nuestra identidad peruana. Los contenidos de educación Religiosa que se desarrollan en los diferentes grados, parten de una visión antropológica que ayuda al educando a situarse frente a las realidades naturales y materiales percibidas como dones de Dios y como elementos importantes para el desarrollo personal de todo ser humano. El conocimiento de esta realidad le ayuda a despertar su responsabilidad en el cuidado y desarrollo de la naturaleza.

Le ayuda también a ubicarse frente a sí mismo con la valoración de su persona, con el reconocimiento de sus capacidades y virtualidades dadas por Dios para su desarrollo pleno como hijo de Dios, creado a su imagen y semejanza. A partir de esto, el educando descubre que está llamado a valorar la vida, a desarrollarla y a defenderla como un don de Dios.

Lo sitúa frente a los demás seres semejantes a él, hombres y mujeres, con la misma dignidad y los mismos derechos, llamados a desarrollarse en comunidad a través del conocimiento y la comunicación de la Verdad y del Bien,  (Conocimiento de Dios y de su proyecto de salvación) por el diálogo abierto y respetuoso con las personas que no participan de sus mismas ideas o criterios religiosos. Ésta comunicación de la Verdad y del Bien le lleva a descubrir una meta trascendente en su vida: Formar la gran comunidad de los hijos de Dios y a trabajar desde ya por una nueva sociedad sin marginados ni excluidos.

Toda esta concepción antropológica se ilumina y fundamenta desde el plan salvador de Dios, Expresado en la revelación de Cristo, Hijo de Dios que nos revela el plan amoroso de dios para toda la humanidad y toda la creación. El conocimiento del Plan de salvación de Dios para todos los seres humanos hace que la historia se haga Historia de Salvación y que los hechos y acontecimientos humanos adquieran una dimensión trascendente a la luz de Cristo resucitado.

La Historia de Cristo, su mensaje y sus hechos constituyen así, para el educando, el marco de referencia para un vivir, pensar y actuar como cristiano, personal y comunitariamente, e ir forjando en el día a día esta historia de la salvación. De esta forma, el estudio de la doctrina de Cristo, su interiorización y el proceso de confrontación con la vida diaria se presenta como el itinerario de todo cristiano en su opción por Cristo como Camino, Verdad y Vida. De esta vivencia y confrontación constante con la vida se va perfilando la formación de una conciencia ética y moral recta, cimentada en la vivencia de valores y virtudes cristianas que abrirá toda nuestra vida a un horizonte de plenitud y trascendencia.

Para lograr todo esto, es preciso despertar el sentimiento religioso en los educandos desde los primeros grados, para que vayan adquiriendo poco a poco experiencias religiosas y de esa forma vayan fundamentando y fortaleciendo la fe que profesan.

COMPONENTES
Camino de Fe:

Los niños van conociendo y adquiriendo los principios fundamentales de la fe cristiana.

Camino de Vida:

Busca que los principios sean aplicados en la vida diaria para evitar que haya un divorcio entre la fe y vida.  

Aspecto Trascendente:

La vida cotidiana y la plenitud de la vida humana tienen sentido en la trascendencia, en la vida eterna.
Todos los seres humanos como hijos de Dios estamos llamados a la felicidad la cual se logra con el esfuerzo diario por ser mejores personas, por ser santos.
DISEÑO CURRICULAR ARTICULADO PRIMARIA

COMPONENTE: CAMINO DE FE

LOGROS DE APRENDIZAJE (Competencias)

CAMINO DE FE

Se interesa por conocer el plan amoroso de Dios para la humanidad expresado en la creación de la naturaleza y del ser humano y reconoce que Jesús como Hijo de Dios cumple las promesas del Padre hechas al Pueblo de Israel. Agradece a Dios el don de la vida.
Reconoce y acepta que Jesús como Hijo de Dios es la plena revelación del Padre que nos da a conocer su mensaje de Salvación y se esfuerza en la vida diaria por vivir en coherencia con las enseñanzas de Jesús.
Profundiza en el conocimiento del plan salvador de Dios, expresado en Cristo Jesús y lo acoge como salvador suyo y de la humanidad y de acuerdo a sus posibilidades, trabaja con otros en la construcción de su Reino.
III CICLO
IV CICLO
V CICLO

CAPACIDADES Y ACTITUDES

Primer Grado
Segundo Grado
Tercer Grado
Cuarto Grado
Quinto Grado
Sexto Grado
Observa la naturaleza y describe con propiedad los seres creados por Dios. Agradece a Dios por los dones de la naturaleza.
Observa con interés que Dios nos ha creado a su imagen y semejanza por amor y que todos somos iguales en dignidad.
 Lee con interés y comparte con otros los textos que hablan de Dios como Padre bueno y misericordioso.
 Lee con interés y comparte con otros los textos que hablan de Dios como Padre bueno y misericordioso.
Expresa sus ideas con claridad acerca de las actitudes y sentimientos de las personas que seguían a Jesús y se auto examina.
Formula una síntesis ordenada y coherente de las principales verdades de la fe cristiana, las reflexiona y las expone a otros.
Intuye el amor grande de Dios a través del cariño de sus padres, profesores y amigos. Agradece y expresa afecto a los demás.
Intuye que Dios es familia y nos llama a vivir como Él. Agradece a Dios por su familia y pide perdón.

Sabe buscar citas bíblicas e interpretarlas. Reconoce y recuerda las principales enseñanzas de Jesús y las aplica a su propia vida.
Lee, selecciona y ordena    cronológicamente los principales dichos y hechos de Jesús y los organiza en mapas y cuadros.
Expone con orden y claridad un tema de las Sagradas Escrituras y lo organiza en un cuadro con una secuencia lógica.
Dialoga con otros sobre los contenidos de la fe. Escucha con atención a los otros y respeta las opiniones de los demás.
Escucha con atención relatos de la creación y del Pueblo escogido de Dios y lo representa en dibujos, plastilina y otros medios visuales

Narra con seguridad y confianza los principales relatos de la historia de Israel preparando la venida del Salvador. Ora, recitando las oraciones básicas.

Examina en los hechos de su vida, cómo vive las enseñanzas de Jesús. Ora y pide perdón por no obrar con coherencia. Formula propósitos y los cumple.

Contrasta y aplica a su vida las enseñanzas de Jesús y se siente cuestionado por ellas. Reflexiona e interioriza los mandamientos. Formula propósitos.
Practica los Mandamientos de la ley de Dios y de la Iglesia. Anima a otros a cumplirlos. Recibe los sacramentos adecuadamente.
Relaciona su vida con la de Jesús y se compromete a vivir como Él, ama a Dios, respeta a los demás y se cuida a sí mismo y a la naturaleza. Participa de la Eucaristía.
Agradece a Dios con gestos, palabras espontáneas por darle la vida y por su amor manifestado en su Hijo Jesús

Escucha con atención los hechos principales del nacimiento e infancia de Jesús y formula preguntas con claridad. Ora con espontaneidad.
 Opina con espontaneidad acerca de los acontecimientos de la vida de Jesús y agradece a Dios por habérnoslo dado como amigo y salvador
Explica a las personas de su entorno, con claridad y seguridad algunos rasgos de la personalidad de Jesús y se esfuerza en seguir su ejemplo.
Participa con otros en forma libre y responsable en grupos de reflexión bíblica, coros, catequesis y celebraciones litúrgicas
Participa en grupos infantiles en su parroquia, centro educativo, o comunidad y asume responsabilidades en bien de los demás.

 

COMPONENTE: CAMINO DE VIDA

LOGROS DE APRENDIZAJE (Competencias)

CAMINO DE VIDA

Coopera en la conservación y cuidado de la naturaleza y de la vida y agradece a Dios  por asociarlo a su obra creadora y por las manifestaciones de su amor expresadas en su Hijo Jesús. Practica las oraciones básicas.
Acepta y vive las enseñanzas de Jesús que no invita a vivir como hijos de Dios y hermanos en una comunidad de fe. Recibe los sacramentos y practica las obras de misericordia.
Participa en una comunidad de creyentes en donde profundiza y acoge la Palabra de Dios, la da a conocer a los demás y da testimonio de su fe en la vida diaria. Practica las obras de misericordia. Recibe los sacramentos, y vive las bienaventuranzas.
III CICLO
IV CICLO
V CICLO

CAPACIDADES Y ACTITUDES

Primer Grado
Segundo Grado
Tercer Grado
Cuarto Grado
Quinto Grado
Sexto Grado
Disfruta de la luz, el agua y cosas de la naturaleza como regalos de Dios y las usa con responsabilidad.
Identifica a través de gestos y palabras el cariño que recibe de las personas de su entorno familiar y a través de ellas intuye el amor que Dios le tiene. Le agradece rezando las oraciones básicas.
Identifica y selecciona en la vida de Jesús actitudes para con su Padre y sus amigos y las relaciona con su vida. Expresa sentimientos filiales a Dios y le agradece por su familia y amigos.
Identifica y selecciona en la vida de Jesús comportamientos y actitudes con los pobres, pecadores, niños y autoridades y las relaciona con su vida. Pide perdón por no ser coherente en su vida.
Acepta las diferencias individuales de los compañeros en los grupos en que participa. Comprende los errores y equivocaciones propias y de los otros con quienes se relaciona. Dialoga con todos.
Participa en una comunidad de fe en donde respeta, valora y acepta a los demás con sus criterios y diferencias. Reflexiona la Palabra de Dios, la da a conocer a los demás y vive los sacramentos.
Demuestra responsabilidad en el cuidado de las plantas y animales que tiene en su entorno.
Examina y expresa los modos cómo en la vida diaria se relaciona con Jesús, su amigo. Le agradece su amistad y le expresa su amor con oraciones sencillas.
 Examina en su vida con qué gestos y palabras expresa frecuentemente su amor y aprecio a Dios. Participa en ceremonias religiosas y actos de culto.
Examina desde su vida de fe su comportamiento en la Iglesia, la familia, con los amigos, en la escuela, con los vecinos. Se prepara con otros para recibir los sacramentos.
Examina en su vida diaria cómo vive el respeto mutuo y la aceptación del otro en el Centro Educativo, en su comunidad de fe y en la familia.
Examina en su vida desde la fe las actitudes y comportamientos que asume con quienes piensan y actúan en forma diferente a él. Formula propósitos.
Descubre las formas que emplea su familia en el cuidado de la naturaleza y la vida como dones recibidos de Dios.

Asume en su vida responsabilidades en el cuidado de la naturaleza como una forma de expresar su compromiso con Dios.
Asume y expresa los valores religiosos que hay en su familia y comparte con los demás las formas cómo los viven .
Asume y expresa en su vida de fe la práctica de las obras de misericordia: da limosna, comparte lo que tiene, ayuda a otros, consuela, aconseja.
Asume y expresa en su vida de fe la práctica de las obras de misericordia y las bienaventuranzas: visita a los enfermos, realiza campañas por la justicia.
Expresa con creatividad nuevas formas sobre cómo comunicar la fe a los demás y vivir la solidaridad, la justicia y el servicio a los demás.
Expresa con diversos lenguajes su agradecimiento a Dios por la belleza de la naturaleza, de su cuerpo y del don de la vida.
Expresa su amor a Dios, preocupándose por el aseo de su lugar de estudio, el cuidado de los jardines y el lugar de recreación.
Expresa en forma libre la vivencia de valores como la veracidad, el compañerismo, la amistad y la forma cómo vivirlos diariamente.
Expresa ante los demás en forma libre y voluntaria y a la luz de la fe, en qué desea cambiar y la forma cómo piensa lograrlo.
Formula un pequeño plan de vida con objetivos concretos y acciones para el mejoramiento de su vida y lo cumple.
Expresa con libertad los cambios más notorios que ha experimentado en su vida por la vivencia del Evangelio.

COMPONENTE: ASPECTO TRASCENDENTE

LOGROS DE APRENDIZAJE (Competencias)

 

ASPECTO TRASCENDENTE

Expresa con actos concretos el respeto por toda forma de vida, el cuidado del cuerpo y de los amigos como cumplimiento de la voluntad de Dios.
Promueve en su entorno relaciones de comunión con su familia, amigos y vecinos como respuesta a la invitación de Dios a trabajar por una mejor convivencia humana.
Se compromete a trabajar con otros en la promoción de la paz, la justicia, el respeto a los derechos humanos, como respuesta a la invitación de Dios a trabajar por una sociedad más justa y más humana.
III CICLO
IV CICLO
V CICLO

CAPACIDADES Y ACTITUDES

Primer Grado
Segundo Grado
Tercer Grado
Cuarto Grado
Quinto Grado
Sexto Grado
Ayuda libremente a sus compañeros en el aseo del aula: Evitando tirar papeles, ordenando el aula, cuidando de las plantas. Expresa espontáneamente su agradecimiento a Dios.
Cuida y se preocupa de la higiene de su cuerpo y del aseo de su uniforme como una forma de agradecer a Dios. Cuida la limpieza en sus trabajos.
Promueve el diálogo, el respeto a la persona y la tolerancia para establecer relaciones armónicas con las personas con las que se relaciona.
 Promueve y desarrolla la convivencia y la aceptación de las diferencias entre sus amigos y compañeros como expresión de su fe.
 Promueve y desarrolla relaciones armónicas en su familia, amigos, compañeros de estudio: respeto, cooperación, acogida, bondad, amistad.
 Promueve y desarrolla relaciones de justicia y paz en su familia, amigos y compañeros de estudio.
Señala distintas formas sobre cómo se destruye la naturaleza en el entorno donde vive. Se examina si él también ha tenido éstos comportamientos.
Señala distintas formas sobre cómo se atenta contra la vida y el desarrollo de la persona en la sociedad, cuida y defiende toda forma de vida.
 Identifica situaciones de egoísmo, irresponsabilidad, violencia que atentan contra la dignidad de la persona y convivencia humana.
Identifica situaciones de intolerancia en su entorno y propone formas de cómo vivir la tolerancia en la familia, en la I. E y en su comunidad.
 Promueve y desarrolla actitudes de solidaridad y ayuda entre sus compañeros y amigos. Señala distintas formas sobre cómo vivirla en la  I. E.
 Promueve y desarrolla acciones de justicia en su entorno, respeto a los derechos de los demás, aceptación y acogida, cumplimiento de tareas.
Como expresión de su fe acepta cumplir ciertas normas ecológicas, como cuidar la naturaleza, sembrar y regar plantas, cuidar animales.

 Se examina y descubre valores en sí mismo y en sus compañeros y los comunica a los demás. Respeta y cuida a sus compañeros y amigos.
Se examina y descubre en si mismo las dificultades que encuentra para vivir relaciones amistosas y dialogales con todas las personas de su entorno.

Se examina y reflexiona sobre cómo vive el respeto a sí mismo y a los demás. Respeta a sus compañeros y no hace distingo de personas.

Examina y reflexiona si en su vida de cristiano hay actitudes de marginación, violencia, desprecio u hostilidad hacia otros.

 Examina y reflexiona en su vida de cristiano si hay actitudes que hayan contribuido a actos de injusticia en su entorno.
Se reconcilia con la naturaleza y con sus compañeros empleando diversos lenguajes, como una forma de establecer relaciones armónicas con todos, como Dios quiere.
 Desarrolla relaciones armónicas con sus compañeros, amigos y familiares y se esfuerza por practicar el perdón y la reconciliación con todos.
Promueve actitudes de reconciliación y buen entendimiento entre sus compañeros como una forma de respeto a la persona, imagen de Dios.

 Promueve relaciones de tolerancia en el aula, entre sus compañeros y rechaza toda forma de intolerancia por diversidad de opiniones, comportamientos, ideas religiosas, actitudes.
Rechaza y denuncia toda forma de violencia, discriminación y atropello a la dignidad y a los derechos de las personas, porque es un atentado contra la ley de Dios.

 Rechaza y denuncia toda forma de injusticia ocurrida en la escuela, su famita, la comunidad porque impide relaciones democráticas y armónicas entre todos.


Método Catequético de Santo Domingo


EL CONTEMPLAR TRASNVERSALIZA LOS CINCO PASOS METODOLÓGICOS

Su eficacia depende no tanto de su estructura cuanto de la sabiduría pastoral e histórica de su utilización.

Si ver, juzgar actuar buscaba poner por obra la fe.

 CONTEMPLAR                 Auscultar la Realidad – Ver, Discernir- juzgar, actuar, revisar y celebrar busca generar y sostener la fe en tiempos donde el secularismo, el relativismo, el hedonismo, el sectarismo, la indiferencia religiosa han dibujado un nuevo y desafiante panorama a la Evangelización.

Al iniciar con la contemplación del Misterio de la Salvación posee, más allá de la utilidad epistemológica, una doble afirmación metafísica: contemplar a Jesucristo es ya transfiguración.
La contemplación supera la mera recitación o memorización de contenidos.
Contemplar significa, recuperar la conciencia de que la Iglesia, al proferir el Kerigma y la Catequesis sobre el hombre, está regenerando una creatura nueva en quien acoge esta semilla del Espíritu Santo.

De este modo el evangelizador es el primer beneficiario de la evangelización. La segunda afirmación es evidente: del ser se sigue el obrar.

De esta centralidad del Evangelio de Cristo en todo método pastoral nace la identidad católica de la Pastoral de la cultura; identidad, que proviene del Evangelio. De ahí mismo nace que el Evangelio de Cristo no se identifique con ninguna cultura, ya que esta Buena Noticia es la fuente de una Nueva Cultura, capaz de transformar y elevar todas las culturas.

EVALUACIÓN EN EL ÁREA DE EDUCACIÓN RELIGIOSA EN PRIMARIA

Evaluar en  Educación Religiosa en forma cualitativa significa conocer el proceso de conversión de la persona, es decir valorar el ser  esencial del  Educando considerando, las facultades fundamentales: de Libertad, autonomía y responsabilidad.

El estudiante es un ser  humano, creado a Imagen y Semejanza, es decir implica conocer las capacidades y virtudes necesidades de Dios para su desarrollo pleno como verdadero Hijo de Dios. Así el estudiante descubre que está  llamado a valorar su propia vida y la de los demás, a desarrollarla y a defenderla como un don  de Dios.

Desde el enfoque Curricular  LA EVALUACIÓN es la valoración los logros y avances en los comportamientos y compromisos asumidos en todo momento a través del proyecto de vida personal que el estudiante va desarrollando. (autoevaluación).

¿Para qué se evalúa Educación Religiosa en el Nivel Primario?

En forma cualitativa para: 
*   Identificar si los estudiantes poseen las capacidades, conocimientos y experiencias cristianas previas, entre otra información relevante, que les permita comprender y desarrollar en forma significativa los nuevos aprendizajes doctrinales.

*   Intervenir y regular a tiempo los aprendizajes doctrinales  mientras estos se realizan.

*   Comprender, retroalimentar y mejorar los procesos pedagógicos.

*   Verificar si existe un clima de afecto y de familia que favorezca un encuentro personal con Dios.

El estudiante toma conciencia sobre su propio proceso de aprendizaje para controlarlo, motivarse y valorar la evaluación con una actividad necesaria que le ayuda a verificar qué ha logrado y qué le falta en relación con los aprendizajes previstos, sobre todo su desempeño en la vida acordes con los principios cristianos y su proyecto de vida.

Por otro lado, el docente tomará conciencia sobre el proceso de enseñanza para reajustar su práctica pedagógica y el buen testimonio que debe dar a los educandos.

En Forma Cuantitativa para
%   Verificar el nivel de logro alcanzado por los estudiantes al final de un periodo o al final del año académico. Aquí el docente debe tomar en cuenta, además de los indicadores previamente establecidos, la información recogida a través de la aplicación de los instrumentos de evaluación y las experiencias espirituales-.realizados durante el proceso de aprendizaje – y mediante la técnica del portafolio, que contiene los trabajos del estudiante,  como evidencia de su progreso.
Esto permite al docente formular un juicio de valor  expresado en una calificación.

1. ¿Qué se evalúa …
Se evalúan:
Logros de aprendizaje (competencias):  a través de las capacidades previstas, en  el programa curricular de Aula mediante la actuación del estudiante, cuando  ponen en juego determinados conocimientos, capacidades, habilidades, destrezas y actitudes.Tales como:
*   La capacidad de respeto a las convicciones religiosas de los demás.
*   La responsabilidad del trabajo o realización de lo hecho en clase (trabajo personal y de grupo).
*   La redacción sencilla, real del compromiso al final del encuentro (proyecto de vida).

Capacidad: entendida como conjunto de habilidades mentales y habilidades motrices, se evalúan a partir de los procesos específicos que se ponen en evidencia – conductas observables – mediante determinados instrumentos de evaluación.
Las conductas observables dan cuenta de los procesos cognitivos realizados (capacidades, habilidades mentales y motrices) y la eficacia de éstos es contrastada a través de técnicas e instrumentos pertinentes.
Conocimientos: entendido como el conjunto de concepciones, representaciones y significados doctrinales en relación con los distintos contenidos dogmáticos de aprendizaje que se proponen para su asimilación, construcción, y formación ética moral  cristiana. no se pretende que el educando acumule información, la aprenda de memoria, sino que la procese, la sepa utilizar, aplicar como medio o herramienta para desarrollar capacidades. Y fundamentalmente vivir según el Evangelio. Precisamente, a través de éstas es evaluado el conocimiento.
Ejemplo: La explicación sencilla de los conocimientos básicos cristianos.

Valores y Actitudes: los valores no son directamente evaluables, normalmente son inferidos a partir de conductas manifiestas (actitudes evidentes) – no encubiertas, por lo que su evaluación exige una interpretación de las acciones o hechos observados, se evalúan como respuestas que pueden ser verbales o comportamientos manifiestos. Se utilizan instrumentos de evaluación pertinentes como: escalas de actitud, cuestionarios, listas de cotejo, entre otros.
Abarca una actitud cristiana sobre todo la maduración personal de la fe y su vinculación a la comunidad eclesial, a través de la observación de comportamientos como:
*       la respuesta profunda de su ser cristiano.
*       el cumplimiento de sus compromisos.
*       la vivencia de los valores y virtudes cristianas.
*       Su capacidad de comunicar a otros la Buena Nueva de Jesús. Etc


2. ¿Como se evalúa el área de educación religiosa en el nivel Primario?
El proceso de evaluación del aprendizaje comprende las siguientes etapas: Análisis de los logros de aprendizaje (Competencias), Capacidades y Actitudes
Se analizan los aprendizajes fundamentales de la programación anual (Unidades Didácticas), es decir, lo que deben aprender los niños o como desenvolverse como verdadero Hijo de Dios en las distintas situaciones de aprendizaje en un tiempo determinado.

Selección de las capacidades a Evaluar.
El análisis se traduce en el diseño de la Tabla de especificaciones o matriz que se elabora con la programación. En ella se consignan, además de la competencia y las capacidades programadas, los indicadores de menor a mayor complejidad progresiva, las técnicas, instrumentos y números de ítems, preguntas o tareas que harán evidente el desempeño del estudiante como digno Hijo de Dios.

IMPORTANCIA DE LOS INDICADORES EN LA EVALUACIÓN

Los indicadores son aquellas manifestaciones que evidencian con claridad, los aprendizajes doctrinales y espirituales de los  estudiantes y operativizan la capacidad.
El Docente educador en la fe tiene libertad para formular sus propios indicadores de evaluación.
Trabajar y desarrollar esta área tal como lo manda Cristo, el Maestro por excelencia  es una experiencia de amor, un verdadero encuentro con Jesús y los hermanos. Es la acción concreta del apóstol, es decir aquel que ha recibido una misión y ha sido enviado a realizarla, por tanto llamado a Evangelizar.

Por eso cada encuentro debe tener el estilo de una experiencia – taller muy especial, de anuncio, testimonio, enseñanza, sacramentos, amor al prójimo,  con procedimientos activos, dejando que los estudiantes asuman dichos medios o vías propias de la evangelización y expresarse e interiorizar lo vivido y aprendido, ayudándolos con los recursos didácticos apropiados a su edad para llevar la Buena Noticia a todos los ambientes de la humanidad y con su influjo, transformar desde dentro la realidad.

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DCE SEGUNDA PARTE

 

CARITAS

EL EJERCICIO DEL AMOR POR PARTE DE LA IGLESIA COMO « COMUNIDAD DE AMOR »

La caridad de la Iglesia como manifestación
del amor trinitario

19. « Ves la Trinidad si ves el amor », escribió san Agustín.[11] En las reflexiones precedentes hemos podido fijar nuestra mirada sobre el Traspasado (cf. Jn 19, 37; Za 12, 10), reconociendo el designio del Padre que, movido por el amor (cf. Jn 3, 16), ha enviado el Hijo unigénito al mundo para redimir al hombre. Al morir en la cruz —como narra el evangelista—, Jesús « entregó el espíritu » (cf. Jn 19, 30), preludio del don del Espíritu Santo que otorgaría después de su resurrección (cf. Jn 20, 22). Se cumpliría así la promesa de los « torrentes de agua viva » que, por la efusión del Espíritu, manarían de las entrañas de los creyentes (cf. Jn 7, 38-39). En efecto, el Espíritu es esa potencia interior que armoniza su corazón con el corazón de Cristo y los mueve a amar a los hermanos como Él los ha amado, cuando se ha puesto a lavar los pies de sus discípulos (cf. Jn 13, 1-13) y, sobre todo, cuando ha entregado su vida por todos (cf. Jn 13, 1; 15, 13).

El Espíritu es también la fuerza que transforma el corazón de la Comunidad eclesial para que sea en el mundo testigo del amor del Padre, que quiere hacer de la humanidad, en su Hijo, una sola familia. Toda la actividad de la Iglesia es una expresión de un amor que busca el bien integral del ser humano: busca su evangelización mediante la Palabra y los Sacramentos, empresa tantas veces heroica en su realización histórica; y busca su promoción en los diversos ámbitos de la actividad humana. Por tanto, el amor es el servicio que presta la Iglesia para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades, incluso materiales, de los hombres. Es este aspecto, este servicio de la caridad, al que deseo referirme en esta parte de la Encíclica.

La caridad como tarea de la Iglesia

20. El amor al prójimo enraizado en el amor a Dios es ante todo una tarea para cada fiel, pero lo es también para toda la comunidad eclesial, y esto en todas sus dimensiones: desde la comunidad local a la Iglesia particular, hasta abarcar a la Iglesia universal en su totalidad. También la Iglesia en cuanto comunidad ha de poner en práctica el amor. En consecuencia, el amor necesita también una organización, como presupuesto para un servicio comunitario ordenado. La Iglesia ha sido consciente de que esta tarea ha tenido una importancia constitutiva para ella desde sus comienzos: « Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían sus posesiones y bienes y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno » (Hch 2, 44-45). Lucas nos relata esto relacionándolo con una especie de definición de la Iglesia, entre cuyos elementos constitutivos enumera la adhesión a la « enseñanza de los Apóstoles », a la « comunión » (koinonia), a la « fracción del pan » y a la « oración » (cf. Hch 2, 42). La « comunión » (koinonia), mencionada inicialmente sin especificar, se concreta después en los versículos antes citados: consiste precisamente en que los creyentes tienen todo en común y en que, entre ellos, ya no hay diferencia entre ricos y pobres (cf. también Hch 4, 32-37). A decir verdad, a medida que la Iglesia se extendía, resultaba imposible mantener esta forma radical de comunión material. Pero el núcleo central ha permanecido: en la comunidad de los creyentes no debe haber una forma de pobreza en la que se niegue a alguien los bienes necesarios para una vida decorosa.

21. Un paso decisivo en la difícil búsqueda de soluciones para realizar este principio eclesial fundamental se puede ver en la elección de los siete varones, que fue el principio del ministerio diaconal (cf. Hch 6, 5-6). En efecto, en la Iglesia de los primeros momentos, se había producido una disparidad en el suministro cotidiano a las viudas entre la parte de lengua hebrea y la de lengua griega. Los Apóstoles, a los que estaba encomendado sobre todo « la oración » (Eucaristía y Liturgia) y el « servicio de la Palabra », se sintieron excesivamente cargados con el « servicio de la mesa »; decidieron, pues, reservar para sí su oficio principal y crear para el otro, también necesario en la Iglesia, un grupo de siete personas. Pero este grupo tampoco debía limitarse a un servicio meramente técnico de distribución: debían ser hombres « llenos de Espíritu y de sabiduría » (cf. Hch 6, 1-6). Lo cual significa que el servicio social que desempeñaban era absolutamente concreto, pero sin duda también espiritual al mismo tiempo; por tanto, era un verdadero oficio espiritual el suyo, que realizaba un cometido esencial de la Iglesia, precisamente el del amor bien ordenado al prójimo. Con la formación de este grupo de los Siete, la « diaconía » —el servicio del amor al prójimo ejercido comunitariamente y de modo orgánico— quedaba ya instaurada en la estructura fundamental de la Iglesia misma.

22. Con el paso de los años y la difusión progresiva de la Iglesia, el ejercicio de la caridad se confirmó como uno de sus ámbitos esenciales, junto con la administración de los Sacramentos y el anuncio de la Palabra: practicar el amor hacia las viudas y los huérfanos, los presos, los enfermos y los necesitados de todo tipo, pertenece a su esencia tanto como el servicio de los Sacramentos y el anuncio del Evangelio. La Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y la Palabra. Para demostrarlo, basten algunas referencias. El mártir Justino († ca. 155), en el contexto de la celebración dominical de los cristianos, describe también su actividad caritativa, unida con la Eucaristía misma. Los que poseen, según sus posibilidades y cada uno cuanto quiere, entregan sus ofrendas al Obispo; éste, con lo recibido, sustenta a los huérfanos, a las viudas y a los que se encuentran en necesidad por enfermedad u otros motivos, así como también a los presos y forasteros.[12] El gran escritor cristiano Tertuliano († después de 220), cuenta cómo la solicitud de los cristianos por los necesitados de cualquier tipo suscitaba el asombro de los paganos.[13] Y cuando Ignacio de Antioquía († ca. 117) llamaba a la Iglesia de Roma como la que « preside en la caridad (agapé) »,[14] se puede pensar que con esta definición quería expresar de algún modo también la actividad caritativa concreta.

23. En este contexto, puede ser útil una referencia a las primitivas estructuras jurídicas del servicio de la caridad en la Iglesia. Hacia la mitad del siglo IV, se va formando en Egipto la llamada « diaconía »; es la estructura que en cada monasterio tenía la responsabilidad sobre el conjunto de las actividades asistenciales, el servicio de la caridad precisamente. A partir de esto, se desarrolla en Egipto hasta el siglo VI una corporación con plena capacidad jurídica, a la que las autoridades civiles confían incluso una cantidad de grano para su distribución pública. No sólo cada monasterio, sino también cada diócesis llegó a tener su diaconía, una institución que se desarrolla sucesivamente, tanto en Oriente como en Occidente. El Papa Gregorio Magno († 604) habla de la diaconía de Nápoles; por lo que se refiere a Roma, las diaconías están documentadas a partir del siglo VII y VIII; pero, naturalmente, ya antes, desde los comienzos, la actividad asistencial a los pobres y necesitados, según los principios de la vida cristiana expuestos en los Hechos de los Apóstoles, era parte esencial en la Iglesia de Roma. Esta función se manifiesta vigorosamente en la figura del diácono Lorenzo († 258). La descripción dramática de su martirio fue conocida ya por san Ambrosio († 397) y, en lo esencial, nos muestra seguramente la auténtica figura de este Santo. A él, como responsable de la asistencia a los pobres de Roma, tras ser apresados sus compañeros y el Papa, se le concedió un cierto tiempo para recoger los tesoros de la Iglesia y entregarlos a las autoridades. Lorenzo distribuyó el dinero disponible a los pobres y luego presentó a éstos a las autoridades como el verdadero tesoro de la Iglesia.[15] Cualquiera que sea la fiabilidad histórica de tales detalles, Lorenzo ha quedado en la memoria de la Iglesia como un gran exponente de la caridad eclesial.

24. Una alusión a la figura del emperador Juliano el Apóstata († 363) puede ilustrar una vez más lo esencial que era para la Iglesia de los primeros siglos la caridad ejercida y organizada. A los seis años, Juliano asistió al asesinato de su padre, de su hermano y de otros parientes a manos de los guardias del palacio imperial; él imputó esta brutalidad —con razón o sin ella— al emperador Constancio, que se tenía por un gran cristiano. Por eso, para él la fe cristiana quedó desacreditada definitivamente. Una vez emperador, decidió restaurar el paganismo, la antigua religión romana, pero también reformarlo, de manera que fuera realmente la fuerza impulsora del imperio. En esta perspectiva, se inspiró ampliamente en el cristianismo. Estableció una jerarquía de metropolitas y sacerdotes. Los sacerdotes debían promover el amor a Dios y al prójimo. Escribía en una de sus cartas [16] que el único aspecto que le impresionaba del cristianismo era la actividad caritativa de la Iglesia. Así pues, un punto determinante para su nuevo paganismo fue dotar a la nueva religión de un sistema paralelo al de la caridad de la Iglesia. Los « Galileos » —así los llamaba— habían logrado con ello su popularidad. Se les debía emular y superar. De este modo, el emperador confirmaba, pues, cómo la caridad era una característica determinante de la comunidad cristiana, de la Iglesia.

25. Llegados a este punto, tomamos de nuestras reflexiones dos datos esenciales:

a) La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), celebración de los Sacramentos (leiturgia) y servicio de la caridad (diakonia). Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de otra. Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia.[17]

b) La Iglesia es la familia de Dios en el mundo. En esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario. Pero, al mismo tiempo, la caritas-agapé supera los confines de la Iglesia; la parábola del buen Samaritano sigue siendo el criterio de comportamiento y muestra la universalidad del amor que se dirige hacia el necesitado encontrado « casualmente » (cf. Lc 10, 31), quienquiera que sea. No obstante, quedando a salvo la universalidad del amor, también se da la exigencia específicamente eclesial de que, precisamente en la Iglesia misma como familia, ninguno de sus miembros sufra por encontrarse en necesidad. En este sentido, siguen teniendo valor las palabras de la Carta a los Gálatas: « Mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe » (6, 10).

Justicia y caridad

26. Desde el siglo XIX se ha planteado una objeción contra la actividad caritativa de la Iglesia, desarrollada después con insistencia sobre todo por el pensamiento marxista. Los pobres, se dice, no necesitan obras de caridad, sino de justicia. Las obras de caridad —la limosna— serían en realidad un modo para que los ricos eludan la instauración de la justicia y acallen su conciencia, conservando su propia posición social y despojando a los pobres de sus derechos. En vez de contribuir con obras aisladas de caridad a mantener las condiciones existentes, haría falta crear un orden justo, en el que todos reciban su parte de los bienes del mundo y, por lo tanto, no necesiten ya las obras de caridad. Se debe reconocer que en esta argumentación hay algo de verdad, pero también bastantes errores. Es cierto que una norma fundamental del Estado debe ser perseguir la justicia y que el objetivo de un orden social justo es garantizar a cada uno, respetando el principio de subsidiaridad, su parte de los bienes comunes. Eso es lo que ha subrayado también la doctrina cristiana sobre el Estado y la doctrina social de la Iglesia. La cuestión del orden justo de la colectividad, desde un punto de vista histórico, ha entrado en una nueva fase con la formación de la sociedad industrial en el siglo XIX. El surgir de la industria moderna ha desbaratado las viejas estructuras sociales y, con la masa de los asalariados, ha provocado un cambio radical en la configuración de la sociedad, en la cual la relación entre el capital y el trabajo se ha convertido en la cuestión decisiva, una cuestión que, en estos términos, era desconocida hasta entonces. Desde ese momento, los medios de producción y el capital eran el nuevo poder que, estando en manos de pocos, comportaba para las masas obreras una privación de derechos contra la cual había que rebelarse.

27. Se debe admitir que los representantes de la Iglesia percibieron sólo lentamente que el problema de la estructura justa de la sociedad se planteaba de un modo nuevo. No faltaron pioneros: uno de ellos, por ejemplo, fue el Obispo Ketteler de Maguncia († 1877). Para hacer frente a las necesidades concretas surgieron también círculos, asociaciones, uniones, federaciones y, sobre todo, nuevas Congregaciones religiosas, que en el siglo XIX se dedicaron a combatir la pobreza, las enfermedades y las situaciones de carencia en el campo educativo. En 1891, se interesó también el magisterio pontificio con la Encíclica Rerum novarum de León XIII. Siguió con la Encíclica de Pío XI Quadragesimo anno, en 1931. En 1961, el beato Papa Juan XXIII publicó la Encíclica Mater et Magistra, mientras que Pablo VI, en la Encíclica Populorum progressio (1967) y en la Carta apostólica Octogesima adveniens (1971), afrontó con insistencia la problemática social que, entre tanto, se había agudizado sobre todo en Latinoamérica. Mi gran predecesor Juan Pablo II nos ha dejado una trilogía de Encíclicas sociales: Laborem exercens (1981), Sollicitudo rei socialis (1987) y Centesimus annus (1991). Así pues, cotejando situaciones y problemas nuevos cada vez, se ha ido desarrollando una doctrina social católica, que en 2004 ha sido presentada de modo orgánico en el Compendio de la doctrina social de la Iglesia, redactado por el Consejo Pontificio Iustitia et Pax. El marxismo había presentado la revolución mundial y su preparación como la panacea para los problemas sociales: mediante la revolución y la consiguiente colectivización de los medios de producción —se afirmaba en dicha doctrina— todo iría repentinamente de modo diferente y mejor. Este sueño se ha desvanecido. En la difícil situación en la que nos encontramos hoy, a causa también de la globalización de la economía, la doctrina social de la Iglesia se ha convertido en una indicación fundamental, que propone orientaciones válidas mucho más allá de sus confines: estas orientaciones —ante el avance del progreso— se han de afrontar en diálogo con todos los que se preocupan seriamente por el hombre y su mundo.

28. Para definir con más precisión la relación entre el compromiso necesario por la justicia y el servicio de la caridad, hay que tener en cuenta dos situaciones de hecho:

a) El orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política. Un Estado que no se rigiera según la justicia se reduciría a una gran banda de ladrones, dijo una vez Agustín: « Remota itaque iustitia quid sunt regna nisi magna latrocinia? ».[18] Es propio de la estructura fundamental del cristianismo la distinción entre lo que es del César y lo que es de Dios (cf. Mt 22, 21), esto es, entre Estado e Iglesia o, como dice el Concilio Vaticano II, el reconocimiento de la autonomía de las realidades temporales.[19] El Estado no puede imponer la religión, pero tiene que garantizar su libertad y la paz entre los seguidores de las diversas religiones; la Iglesia, como expresión social de la fe cristiana, por su parte, tiene su independencia y vive su forma comunitaria basada en la fe, que el Estado debe respetar. Son dos esferas distintas, pero siempre en relación recíproca.

La justicia es el objeto y, por tanto, también la medida intrínseca de toda política. La política es más que una simple técnica para determinar los ordenamientos públicos: su origen y su meta están precisamente en la justicia, y ésta es de naturaleza ética. Así, pues, el Estado se encuentra inevitablemente de hecho ante la cuestión de cómo realizar la justicia aquí y ahora. Pero esta pregunta presupone otra más radical: ¿qué es la justicia? Éste es un problema que concierne a la razón práctica; pero para llevar a cabo rectamente su función, la razón ha de purificarse constantemente, porque su ceguera ética, que deriva de la preponderancia del interés y del poder que la deslumbran, es un peligro que nunca se puede descartar totalmente.

En este punto, política y fe se encuentran. Sin duda, la naturaleza específica de la fe es la relación con el Dios vivo, un encuentro que nos abre nuevos horizontes mucho más allá del ámbito propio de la razón. Pero, al mismo tiempo, es una fuerza purificadora para la razón misma. Al partir de la perspectiva de Dios, la libera de su ceguera y la ayuda así a ser mejor ella misma. La fe permite a la razón desempeñar del mejor modo su cometido y ver más claramente lo que le es propio. En este punto se sitúa la doctrina social católica: no pretende otorgar a la Iglesia un poder sobre el Estado. Tampoco quiere imponer a los que no comparten la fe sus propias perspectivas y modos de comportamiento. Desea simplemente contribuir a la purificación de la razón y aportar su propia ayuda para que lo que es justo, aquí y ahora, pueda ser reconocido y después puesto también en práctica.

La doctrina social de la Iglesia argumenta desde la razón y el derecho natural, es decir, a partir de lo que es conforme a la naturaleza de todo ser humano. Y sabe que no es tarea de la Iglesia el que ella misma haga valer políticamente esta doctrina: quiere servir a la formación de las conciencias en la política y contribuir a que crezca la percepción de las verdaderas exigencias de la justicia y, al mismo tiempo, la disponibilidad para actuar conforme a ella, aun cuando esto estuviera en contraste con situaciones de intereses personales. Esto significa que la construcción de un orden social y estatal justo, mediante el cual se da a cada uno lo que le corresponde, es una tarea fundamental que debe afrontar de nuevo cada generación. Tratándose de un quehacer político, esto no puede ser un cometido inmediato de la Iglesia. Pero, como al mismo tiempo es una tarea humana primaria, la Iglesia tiene el deber de ofrecer, mediante la purificación de la razón y la formación ética, su contribución específica, para que las exigencias de la justicia sean comprensibles y políticamente realizables.

La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. Debe insertarse en ella a través de la argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige también renuncias, no puede afirmarse ni prosperar. La sociedad justa no puede ser obra de la Iglesia, sino de la política. No obstante, le interesa sobremanera trabajar por la justicia esforzándose por abrir la inteligencia y la voluntad a las exigencias del bien.

b) El amor —caritas— siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa. No hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor. Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre. Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad. Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo.[20] El Estado que quiere proveer a todo, que absorbe todo en sí mismo, se convierte en definitiva en una instancia burocrática que no puede asegurar lo más esencial que el hombre afligido —cualquier ser humano— necesita: una entrañable atención personal. Lo que hace falta no es un Estado que regule y domine todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales y que unen la espontaneidad con la cercanía a los hombres necesitados de auxilio. La Iglesia es una de estas fuerzas vivas: en ella late el dinamismo del amor suscitado por el Espíritu de Cristo. Este amor no brinda a los hombres sólo ayuda material, sino también sosiego y cuidado del alma, un ayuda con frecuencia más necesaria que el sustento material. La afirmación según la cual las estructuras justas harían superfluas las obras de caridad, esconde una concepción materialista del hombre: el prejuicio de que el hombre vive « sólo de pan » (Mt 4, 4; cf. Dt 8, 3), una concepción que humilla al hombre e ignora precisamente lo que es más específicamente humano.

29. De este modo podemos ahora determinar con mayor precisión la relación que existe en la vida de la Iglesia entre el empeño por el orden justo del Estado y la sociedad, por un lado y, por otro, la actividad caritativa organizada. Ya se ha dicho que el establecimiento de estructuras justas no es un cometido inmediato de la Iglesia, sino que pertenece a la esfera de la política, es decir, de la razón auto-responsable. En esto, la tarea de la Iglesia es mediata, ya que le corresponde contribuir a la purificación de la razón y reavivar las fuerzas morales, sin lo cual no se instauran estructuras justas, ni éstas pueden ser operativas a largo plazo.

El deber inmediato de actuar en favor de un orden justo en la sociedad es más bien propio de los fieles laicos. Como ciudadanos del Estado, están llamados a participar en primera persona en la vida pública. Por tanto, no pueden eximirse de la « multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común ».[21] La misión de los fieles es, por tanto, configurar rectamente la vida social, respetando su legítima autonomía y cooperando con los otros ciudadanos según las respectivas competencias y bajo su propia responsabilidad.[22] Aunque las manifestaciones de la caridad eclesial nunca pueden confundirse con la actividad del Estado, sigue siendo verdad que la caridad debe animar toda la existencia de los fieles laicos y, por tanto, su actividad política, vivida como « caridad social ».[23]

Las organizaciones caritativas de la Iglesia, sin embargo, son un opus proprium suyo, un cometido que le es congenial, en el que ella no coopera colateralmente, sino que actúa como sujeto directamente responsable, haciendo algo que corresponde a su naturaleza. La Iglesia nunca puede sentirse dispensada del ejercicio de la caridad como actividad organizada de los creyentes y, por otro lado, nunca habrá situaciones en las que no haga falta la caridad de cada cristiano individualmente, porque el hombre, más allá de la justicia, tiene y tendrá siempre necesidad de amor.

Las múltiples estructuras de servicio caritativo
en el contexto social actual

30. Antes de intentar definir el perfil específico de la actividad eclesial al servicio del hombre, quisiera considerar ahora la situación general del compromiso por la justicia y el amor en el mundo actual.

a) Los medios de comunicación de masas han como empequeñecido hoy nuestro planeta, acercando rápidamente a hombres y culturas muy diferentes. Si bien este « estar juntos » suscita a veces incomprensiones y tensiones, el hecho de que ahora se conozcan de manera mucho más inmediata las necesidades de los hombres es también una llamada sobre todo a compartir situaciones y dificultades. Vemos cada día lo mucho que se sufre en el mundo a causa de tantas formas de miseria material o espiritual, no obstante los grandes progresos en el campo de la ciencia y de la técnica. Así pues, el momento actual requiere una nueva disponibilidad para socorrer al prójimo necesitado. El Concilio Vaticano II lo ha subrayado con palabras muy claras: « Al ser más rápidos los medios de comunicación, se ha acortado en cierto modo la distancia entre los hombres y todos los habitantes del mundo [...]. La acción caritativa puede y debe abarcar hoy a todos los hombres y todas sus necesidades ».[24]

Por otra parte —y éste es un aspecto provocativo y a la vez estimulante del proceso de globalización—, ahora se puede contar con innumerables medios para prestar ayuda humanitaria a los hermanos y hermanas necesitados, como son los modernos sistemas para la distribución de comida y ropa, así como también para ofrecer alojamiento y acogida. La solicitud por el prójimo, pues, superando los confines de las comunidades nacionales, tiende a extender su horizonte al mundo entero. El Concilio Vaticano II ha hecho notar oportunamente que « entre los signos de nuestro tiempo es digno de mención especial el creciente e inexcusable sentido de solidaridad entre todos los pueblos ».[25] Los organismos del Estado y las asociaciones humanitarias favorecen iniciativas orientadas a este fin, generalmente mediante subsidios o desgravaciones fiscales en un caso, o poniendo a disposición considerables recursos, en otro. De este modo, la solidaridad expresada por la sociedad civil supera de manera notable a la realizada por las personas individualmente.

b) En esta situación han surgido numerosas formas nuevas de colaboración entre entidades estatales y eclesiales, que se han demostrado fructíferas. Las entidades eclesiales, con la transparencia en su gestión y la fidelidad al deber de testimoniar el amor, podrán animar cristianamente también a las instituciones civiles, favoreciendo una coordinación mutua que seguramente ayudará a la eficacia del servicio caritativo.[26] También se han formado en este contexto múltiples organizaciones con objetivos caritativos o filantrópicos, que se esfuerzan por lograr soluciones satisfactorias desde el punto de vista humanitario a los problemas sociales y políticos existentes. Un fenómeno importante de nuestro tiempo es el nacimiento y difusión de muchas formas de voluntariado que se hacen cargo de múltiples servicios.[27] A este propósito, quisiera dirigir una palabra especial de aprecio y gratitud a todos los que participan de diversos modos en estas actividades. Esta labor tan difundida es una escuela de vida para los jóvenes, que educa a la solidaridad y a estar disponibles para dar no sólo algo, sino a sí mismos. De este modo, frente a la anticultura de la muerte, que se manifiesta por ejemplo en la droga, se contrapone el amor, que no se busca a sí mismo, sino que, precisamente en la disponibilidad a « perderse a sí mismo » (cf. Lc 17, 33 y par.) en favor del otro, se manifiesta como cultura de la vida.

También en la Iglesia católica y en otras Iglesias y Comunidades eclesiales han aparecido nuevas formas de actividad caritativa y otras antiguas han resurgido con renovado impulso. Son formas en las que frecuentemente se logra establecer un acertado nexo entre evangelización y obras de caridad. Deseo corroborar aquí expresamente lo que mi gran predecesor Juan Pablo II dijo en su Encíclica Sollicitudo rei socialis,[28] cuando declaró la disponibilidad de la Iglesia católica a colaborar con las organizaciones caritativas de estas Iglesias y Comunidades, puesto que todos nos movemos por la misma motivación fundamental y tenemos los ojos puestos en el mismo objetivo: un verdadero humanismo, que reconoce en el hombre la imagen de Dios y quiere ayudarlo a realizar una vida conforme a esta dignidad. La Encíclica Ut unum sint destacó después, una vez más, que para un mejor desarrollo del mundo es necesaria la voz común de los cristianos, su compromiso « para que triunfe el respeto de los derechos y de las necesidades de todos, especialmente de los pobres, los marginados y los indefensos ».[29] Quisiera expresar mi alegría por el hecho de que este deseo haya encontrado amplio eco en numerosas iniciativas en todo el mundo.

El perfil específico de la actividad caritativa de la Iglesia
31. En el fondo, el aumento de organizaciones diversificadas que trabajan en favor del hombre en sus diversas necesidades, se explica por el hecho de que el imperativo del amor al prójimo ha sido grabado por el Creador en la naturaleza misma del hombre. Pero es también un efecto de la presencia del cristianismo en el mundo, que reaviva continuamente y hace eficaz este imperativo, a menudo tan empañado a lo largo de la historia. La mencionada reforma del paganismo intentada por el emperador Juliano el Apóstata, es sólo un testimonio inicial de dicha eficacia. En este sentido, la fuerza del cristianismo se extiende mucho más allá de las fronteras de la fe cristiana. Por tanto, es muy importante que la actividad caritativa de la Iglesia mantenga todo su esplendor y no se diluya en una organización asistencial genérica, convirtiéndose simplemente en una de sus variantes. Pero, ¿cuáles son los elementos que constituyen la esencia de la caridad cristiana y eclesial?
a) Según el modelo expuesto en la parábola del buen Samaritano, la caridad cristiana es ante todo y simplemente la respuesta a una necesidad inmediata en una determinada situación: los hambrientos han de ser saciados, los desnudos vestidos, los enfermos atendidos para que se recuperen, los prisioneros visitados, etc. Las organizaciones caritativas de la Iglesia, comenzando por Cáritas (diocesana, nacional, internacional), han de hacer lo posible para poner a disposición los medios necesarios y, sobre todo, los hombres y mujeres que desempeñan estos cometidos. Por lo que se refiere al servicio que se ofrece a los que sufren, es preciso que sean competentes profesionalmente: quienes prestan ayuda han de ser formados de manera que sepan hacer lo más apropiado y de la manera más adecuada, asumiendo el compromiso de que se continúe después las atenciones necesarias. Un primer requisito fundamental es la competencia profesional, pero por sí sola no basta. En efecto, se trata de seres humanos, y los seres humanos necesitan siempre algo más que una atención sólo técnicamente correcta. Necesitan humanidad. Necesitan atención cordial. Cuantos trabajan en las instituciones caritativas de la Iglesia deben distinguirse por no limitarse a realizar con destreza lo más conveniente en cada momento, sino por su dedicación al otro con una atención que sale del corazón, para que el otro experimente su riqueza de humanidad. Por eso, dichos agentes, además de la preparación profesional, necesitan también y sobre todo una « formación del corazón »: se les ha de guiar hacia ese encuentro con Dios en Cristo, que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad (cf. Ga 5, 6).
b) La actividad caritativa cristiana ha de ser independiente de partidos e ideologías. No es un medio para transformar el mundo de manera ideológica y no está al servicio de estrategias mundanas, sino que es la actualización aquí y ahora del amor que el hombre siempre necesita. Los tiempos modernos, sobre todo desde el siglo XIX, están dominados por una filosofía del progreso con diversas variantes, cuya forma más radical es el marxismo. Una parte de la estrategia marxista es la teoría del empobrecimiento: quien en una situación de poder injusto ayuda al hombre con iniciativas de caridad —afirma— se pone de hecho al servicio de ese sistema injusto, haciéndolo aparecer soportable, al menos hasta cierto punto. Se frena así el potencial revolucionario y, por tanto, se paraliza la insurrección hacia un mundo mejor. De aquí el rechazo y el ataque a la caridad como un sistema conservador del statu quo. En realidad, ésta es una filosofía inhumana. El hombre que vive en el presente es sacrificado al Moloc del futuro, un futuro cuya efectiva realización resulta por lo menos dudosa. La verdad es que no se puede promover la humanización del mundo renunciando, por el momento, a comportarse de manera humana. A un mundo mejor se contribuye solamente haciendo el bien ahora y en primera persona, con pasión y donde sea posible, independientemente de estrategias y programas de partido. El programa del cristiano —el programa del buen Samaritano, el programa de Jesús— es un « corazón que ve ». Este corazón ve dónde se necesita amor y actúa en consecuencia. Obviamente, cuando la actividad caritativa es asumida por la Iglesia como iniciativa comunitaria, a la espontaneidad del individuo debe añadirse también la programación, la previsión, la colaboración con otras instituciones similares.
c) Además, la caridad no ha de ser un medio en función de lo que hoy se considera proselitismo. El amor es gratuito; no se practica para obtener otros objetivos.
[30] Pero esto no significa que la acción caritativa deba, por decirlo así, dejar de lado a Dios y a Cristo. Siempre está en juego todo el hombre. Con frecuencia, la raíz más profunda del sufrimiento es precisamente la ausencia de Dios. Quien ejerce la caridad en nombre de la Iglesia nunca tratará de imponer a los demás la fe de la Iglesia. Es consciente de que el amor, en su pureza y gratuidad, es el mejor testimonio del Dios en el que creemos y que nos impulsa a amar. El cristiano sabe cuándo es tiempo de hablar de Dios y cuándo es oportuno callar sobre Él, dejando que hable sólo el amor. Sabe que Dios es amor (1 Jn 4, 8) y que se hace presente justo en los momentos en que no se hace más que amar. Y, sabe —volviendo a las preguntas de antes— que el desprecio del amor es vilipendio de Dios y del hombre, es el intento de prescindir de Dios. En consecuencia, la mejor defensa de Dios y del hombre consiste precisamente en el amor. Las organizaciones caritativas de la Iglesia tienen el cometido de reforzar esta conciencia en sus propios miembros, de modo que a través de su actuación —así como por su hablar, su silencio, su ejemplo— sean testigos creíbles de Cristo.

Los responsables de la acción caritativa de la Iglesia
32. Finalmente, debemos dirigir nuestra atención a los responsables de la acción caritativa de la Iglesia ya mencionados. En las reflexiones precedentes se ha visto claro que el verdadero sujeto de las diversas organizaciones católicas que desempeñan un servicio de caridad es la Iglesia misma, y eso a todos los niveles, empezando por las parroquias, a través de las Iglesias particulares, hasta llegar a la Iglesia universal. Por esto fue muy oportuno que mi venerado predecesor Pablo VI instituyera el Consejo Pontificio Cor unum como organismo de la Santa Sede responsable para la orientación y coordinación entre las organizaciones y las actividades caritativas promovidas por la Iglesia católica. Además, es propio de la estructura episcopal de la Iglesia que los obispos, como sucesores de los Apóstoles, tengan en las Iglesias particulares la primera responsabilidad de cumplir, también hoy, el programa expuesto en los Hechos de los Apóstoles (cf. 2, 42-44): la Iglesia, como familia de Dios, debe ser, hoy como ayer, un lugar de ayuda recíproca y al mismo tiempo de disponibilidad para servir también a cuantos fuera de ella necesitan ayuda. Durante el rito de la ordenación episcopal, el acto de consagración propiamente dicho está precedido por algunas preguntas al candidato, en las que se expresan los elementos esenciales de su oficio y se le recuerdan los deberes de su futuro ministerio. En este contexto, el ordenando promete expresamente que será, en nombre del Señor, acogedor y misericordioso para con los más pobres y necesitados de consuelo y ayuda.[31] El Código de Derecho Canónico, en los cánones relativos al ministerio episcopal, no habla expresamente de la caridad como un ámbito específico de la actividad episcopal, sino sólo, de modo general, del deber del Obispo de coordinar las diversas obras de apostolado respetando su propia índole.[32] Recientemente, no obstante, el Directorio para el ministerio pastoral de los obispos ha profundizado más concretamente el deber de la caridad como cometido intrínseco de toda la Iglesia y del Obispo en su diócesis,[33] y ha subrayado que el ejercicio de la caridad es una actividad de la Iglesia como tal y que forma parte esencial de su misión originaria, al igual que el servicio de la Palabra y los Sacramentos.[34]

33. Por lo que se refiere a los colaboradores que desempeñan en la práctica el servicio de la caridad en la Iglesia, ya se ha dicho lo esencial: no han de inspirarse en los esquemas que pretenden mejorar el mundo siguiendo una ideología, sino dejarse guiar por la fe que actúa por el amor (cf. Ga 5, 6). Han de ser, pues, personas movidas ante todo por el amor de Cristo, personas cuyo corazón ha sido conquistado por Cristo con su amor, despertando en ellos el amor al prójimo. El criterio inspirador de su actuación debería ser lo que se dice en la Segunda carta a los Corintios: « Nos apremia el amor de Cristo » (5, 14). La conciencia de que, en Él, Dios mismo se ha entregado por nosotros hasta la muerte, tiene que llevarnos a vivir no ya para nosotros mismos, sino para Él y, con Él, para los demás. Quien ama a Cristo ama a la Iglesia y quiere que ésta sea cada vez más expresión e instrumento del amor que proviene de Él. El colaborador de toda organización caritativa católica quiere trabajar con la Iglesia y, por tanto, con el Obispo, con el fin de que el amor de Dios se difunda en el mundo. Por su participación en el servicio de amor de la Iglesia, desea ser testigo de Dios y de Cristo y, precisamente por eso, hacer el bien a los hombres gratuitamente.
34. La apertura interior a la dimensión católica de la Iglesia ha de predisponer al colaborador a sintonizar con las otras organizaciones en el servicio a las diversas formas de necesidad; pero esto debe hacerse respetando la fisonomía específica del servicio que Cristo pidió a sus discípulos. En su himno a la caridad (cf. 1 Co 13), san Pablo nos enseña que ésta es siempre algo más que una simple actividad: « Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve » (v. 3). Este himno debe ser la Carta Magna de todo el servicio eclesial; en él se resumen todas las reflexiones que he expuesto sobre el amor a lo largo de esta Carta encíclica. La actuación práctica resulta insuficiente si en ella no se puede percibir el amor por el hombre, un amor que se alimenta en el encuentro con Cristo. La íntima participación personal en las necesidades y sufrimientos del otro se convierte así en un darme a mí mismo: para que el don no humille al otro, no solamente debo darle algo mío, sino a mí mismo; he de ser parte del don como persona.

35. Éste es un modo de servir que hace humilde al que sirve. No adopta una posición de superioridad ante el otro, por miserable que sea momentáneamente su situación. Cristo ocupó el último puesto en el mundo —la cruz—, y precisamente con esta humildad radical nos ha redimido y nos ayuda constantemente. Quien es capaz de ayudar reconoce que, precisamente de este modo, también él es ayudado; el poder ayudar no es mérito suyo ni motivo de orgullo. Esto es gracia. Cuanto más se esfuerza uno por los demás, mejor comprenderá y hará suya la palabra de Cristo: « Somos unos pobres siervos » (Lc 17,10). En efecto, reconoce que no actúa fundándose en una superioridad o mayor capacidad personal, sino porque el Señor le concede este don. A veces, el exceso de necesidades y lo limitado de sus propias actuaciones le harán sentir la tentación del desaliento. Pero, precisamente entonces, le aliviará saber que, en definitiva, él no es más que un instrumento en manos del Señor; se liberará así de la presunción de tener que mejorar el mundo —algo siempre necesario— en primera persona y por sí solo. Hará con humildad lo que le es posible y, con humildad, confiará el resto al Señor. Quien gobierna el mundo es Dios, no nosotros. Nosotros le ofrecemos nuestro servicio sólo en lo que podemos y hasta que Él nos dé fuerzas. Sin embargo, hacer todo lo que está en nuestras manos con las capacidades que tenemos, es la tarea que mantiene siempre activo al siervo bueno de Jesucristo: « Nos apremia el amor de Cristo » (2 Co 5, 14).
36. La experiencia de la inmensa necesidad puede, por un lado, inclinarnos hacia la ideología que pretende realizar ahora lo que, según parece, no consigue el gobierno de Dios sobre el mundo: la solución universal de todos los problemas. Por otro, puede convertirse en una tentación a la inercia ante la impresión de que, en cualquier caso, no se puede hacer nada. En esta situación, el contacto vivo con Cristo es la ayuda decisiva para continuar en el camino recto: ni caer en una soberbia que desprecia al hombre y en realidad nada construye, sino que más bien destruye, ni ceder a la resignación, la cual impediría dejarse guiar por el amor y así servir al hombre. La oración se convierte en estos momentos en una exigencia muy concreta, como medio para recibir constantemente fuerzas de Cristo. Quien reza no desperdicia su tiempo, aunque todo haga pensar en una situación de emergencia y parezca impulsar sólo a la acción. La piedad no escatima la lucha contra la pobreza o la miseria del prójimo. La beata Teresa de Calcuta es un ejemplo evidente de que el tiempo dedicado a Dios en la oración no sólo deja de ser un obstáculo para la eficacia y la dedicación al amor al prójimo, sino que es en realidad una fuente inagotable para ello. En su carta para la Cuaresma de 1996 la beata escribía a sus colaboradores laicos: « Nosotros necesitamos esta unión íntima con Dios en nuestra vida cotidiana. Y ¿cómo podemos conseguirla? A través de la oración ».

37. Ha llegado el momento de reafirmar la importancia de la oración ante el activismo y el secularismo de muchos cristianos comprometidos en el servicio caritativo. Obviamente, el cristiano que reza no pretende cambiar los planes de Dios o corregir lo que Dios ha previsto. Busca más bien el encuentro con el Padre de Jesucristo, pidiendo que esté presente, con el consuelo de su Espíritu, en él y en su trabajo. La familiaridad con el Dios personal y el abandono a su voluntad impiden la degradación del hombre, lo salvan de la esclavitud de doctrinas fanáticas y terroristas. Una actitud auténticamente religiosa evita que el hombre se erija en juez de Dios, acusándolo de permitir la miseria sin sentir compasión por sus criaturas. Pero quien pretende luchar contra Dios apoyándose en el interés del hombre, ¿con quién podrá contar cuando la acción humana se declare impotente?
38. Es cierto que Job puede quejarse ante Dios por el sufrimiento incomprensible y aparentemente injustificable que hay en el mundo. Por eso, en su dolor, dice: « ¡Quién me diera saber encontrarle, poder llegar a su morada!... Sabría las palabras de su réplica, comprendería lo que me dijera. ¿Precisaría gran fuerza para disputar conmigo?... Por eso estoy, ante él, horrorizado, y cuanto más lo pienso, más me espanta. Dios me ha enervado el corazón, el Omnipotente me ha aterrorizado » (23, 3.5-6.15-16). A menudo no se nos da a conocer el motivo por el que Dios frena su brazo en vez de intervenir. Por otra parte, Él tampoco nos impide gritar como Jesús en la cruz: « Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? » (Mt 27, 46). Deberíamos permanecer con esta pregunta ante su rostro, en diálogo orante: « ¿Hasta cuándo, Señor, vas a estar sin hacer justicia, tú que eres santo y veraz? » (cf. Ap 6, 10). San Agustín da a este sufrimiento nuestro la respuesta de la fe: « Si comprehendis, non est Deus », si lo comprendes, entonces no es Dios.[35] Nuestra protesta no quiere desafiar a Dios, ni insinuar en Él algún error, debilidad o indiferencia. Para el creyente no es posible pensar que Él sea impotente, o bien que « tal vez esté dormido » (1 R 18, 27). Es cierto, más bien, que incluso nuestro grito es, como en la boca de Jesús en la cruz, el modo extremo y más profundo de afirmar nuestra fe en su poder soberano. En efecto, los cristianos siguen creyendo, a pesar de todas las incomprensiones y confusiones del mundo que les rodea, en la « bondad de Dios y su amor al hombre » (Tt 3, 4). Aunque estén inmersos como los demás hombres en las dramáticas y complejas vicisitudes de la historia, permanecen firmes en la certeza de que Dios es Padre y nos ama, aunque su silencio siga siendo incomprensible para nosotros.

39. Fe, esperanza y caridad están unidas. La esperanza se relaciona prácticamente con la virtud de la paciencia, que no desfallece ni siquiera ante el fracaso aparente, y con la humildad, que reconoce el misterio de Dios y se fía de Él incluso en la oscuridad. La fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor. De este modo transforma nuestra impaciencia y nuestras dudas en la esperanza segura de que el mundo está en manos de Dios y que, no obstante las oscuridades, al final vencerá Él, como luminosamente muestra el Apocalipsis mediante sus imágenes sobrecogedoras. La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz —en el fondo la única— que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar. El amor es posible, y nosotros podemos ponerlo en práctica porque hemos sido creados a imagen de Dios. Vivir el amor y, así, llevar la luz de Dios al mundo: a esto quisiera invitar con esta Encíclica.
 
CONCLUSIÓN
40. Contemplemos finalmente a los Santos, a quienes han ejercido de modo ejemplar la caridad. Pienso particularmente en Martín de Tours († 397), que primero fue soldado y después monje y obispo: casi como un icono, muestra el valor insustituible del testimonio individual de la caridad. A las puertas de Amiens compartió su manto con un pobre; durante la noche, Jesús mismo se le apareció en sueños revestido de aquel manto, confirmando la perenne validez de las palabras del Evangelio: « Estuve desnudo y me vestisteis... Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis » (Mt 25, 36. 40).[36] Pero ¡cuántos testimonios más de caridad pueden citarse en la historia de la Iglesia! Particularmente todo el movimiento monástico, desde sus comienzos con san Antonio Abad († 356), muestra un servicio ingente de caridad hacia el prójimo. Al confrontarse « cara a cara » con ese Dios que es Amor, el monje percibe la exigencia apremiante de transformar toda su vida en un servicio al prójimo, además de servir a Dios. Así se explican las grandes estructuras de acogida, hospitalidad y asistencia surgidas junto a los monasterios. Se explican también las innumerables iniciativas de promoción humana y de formación cristiana destinadas especialmente a los más pobres de las que se han hecho cargo las Órdenes monásticas y Mendicantes primero, y después los diversos Institutos religiosos masculinos y femeninos a lo largo de toda la historia de la Iglesia. Figuras de Santos como Francisco de Asís, Ignacio de Loyola, Juan de Dios, Camilo de Lelis, Vicente de Paúl, Luisa de Marillac, José B. Cottolengo, Juan Bosco, Luis Orione, Teresa de Calcuta —por citar sólo algunos nombres— siguen siendo modelos insignes de caridad social para todos los hombres de buena voluntad. Los Santos son los verdaderos portadores de luz en la historia, porque son hombres y mujeres de fe, esperanza y amor.
41. Entre los Santos, sobresale María, Madre del Señor y espejo de toda santidad. El Evangelio de Lucas la muestra atareada en un servicio de caridad a su prima Isabel, con la cual permaneció « unos tres meses » (1, 56) para atenderla durante el embarazo. « Magnificat anima mea Dominum », dice con ocasión de esta visita —« proclama mi alma la grandeza del Señor »— (Lc 1, 46), y con ello expresa todo el programa de su vida: no ponerse a sí misma en el centro, sino dejar espacio a Dios, a quien encuentra tanto en la oración como en el servicio al prójimo; sólo entonces el mundo se hace bueno. María es grande precisamente porque quiere enaltecer a Dios en lugar de a sí misma. Ella es humilde: no quiere ser sino la sierva del Señor (cf. Lc 1, 38. 48). Sabe que contribuye a la salvación del mundo, no con una obra suya, sino sólo poniéndose plenamente a disposición de la iniciativa de Dios. Es una mujer de esperanza: sólo porque cree en las promesas de Dios y espera la salvación de Israel, el ángel puede presentarse a ella y llamarla al servicio total de estas promesas. Es una mujer de fe: « ¡Dichosa tú, que has creído! », le dice Isabel (Lc 1, 45). El Magníficat —un retrato de su alma, por decirlo así— está completamente tejido por los hilos tomados de la Sagrada Escritura, de la Palabra de Dios. Así se pone de relieve que la Palabra de Dios es verdaderamente su propia casa, de la cual sale y entra con toda naturalidad. Habla y piensa con la Palabra de Dios; la Palabra de Dios se convierte en palabra suya, y su palabra nace de la Palabra de Dios. Así se pone de manifiesto, además, que sus pensamientos están en sintonía con el pensamiento de Dios, que su querer es un querer con Dios. Al estar íntimamente penetrada por la Palabra de Dios, puede convertirse en madre de la Palabra encarnada. María es, en fin, una mujer que ama. ¿Cómo podría ser de otro modo? Como creyente, que en la fe piensa con el pensamiento de Dios y quiere con la voluntad de Dios, no puede ser más que una mujer que ama. Lo intuimos en sus gestos silenciosos que nos narran los relatos evangélicos de la infancia. Lo vemos en la delicadeza con la que en Caná se percata de la necesidad en la que se encuentran los esposos, y lo hace presente a Jesús. Lo vemos en la humildad con que acepta ser como olvidada en el período de la vida pública de Jesús, sabiendo que el Hijo tiene que fundar ahora una nueva familia y que la hora de la Madre llegará solamente en el momento de la cruz, que será la verdadera hora de Jesús (cf. Jn 2, 4; 13, 1). Entonces, cuando los discípulos hayan huido, ella permanecerá al pie de la cruz (cf. Jn 19, 25-27); más tarde, en el momento de Pentecostés, serán ellos los que se agrupen en torno a ella en espera del Espíritu Santo (cf. Hch 1, 14).
42. La vida de los Santos no comprende sólo su biografía terrena, sino también su vida y actuación en Dios después de la muerte. En los Santos es evidente que, quien va hacia Dios, no se aleja de los hombres, sino que se hace realmente cercano a ellos. En nadie lo vemos mejor que en María. La palabra del Crucificado al discípulo —a Juan y, por medio de él, a todos los discípulos de Jesús: « Ahí tienes a tu madre » (Jn 19, 27)— se hace de nuevo verdadera en cada generación. María se ha convertido efectivamente en Madre de todos los creyentes. A su bondad materna, así como a su pureza y belleza virginal, se dirigen los hombres de todos los tiempos y de todas las partes del mundo en sus necesidades y esperanzas, en sus alegrías y contratiempos, en su soledad y en su convivencia. Y siempre experimentan el don de su bondad; experimentan el amor inagotable que derrama desde lo más profundo de su corazón. Los testimonios de gratitud, que le manifiestan en todos los continentes y en todas las culturas, son el reconocimiento de aquel amor puro que no se busca a sí mismo, sino que sencillamente quiere el bien. La devoción de los fieles muestra al mismo tiempo la intuición infalible de cómo es posible este amor: se alcanza merced a la unión más íntima con Dios, en virtud de la cual se está embargado totalmente de Él, una condición que permite a quien ha bebido en el manantial del amor de Dios convertirse a sí mismo en un manantial « del que manarán torrentes de agua viva » (Jn 7, 38). María, la Virgen, la Madre, nos enseña qué es el amor y dónde tiene su origen, su fuerza siempre nueva. A ella confiamos la Iglesia, su misión al servicio del amor:
 

Santa María, Madre de Dios,
tú has dado al mundo la verdadera luz,
Jesús, tu Hijo, el Hijo de Dios.
Te has entregado por completo
a la llamada de Dios
y te has convertido así en fuente
de la bondad que mana de Él.
Muéstranos a Jesús. Guíanos hacia Él.
Enséñanos a conocerlo y amarlo,
para que también nosotros
podamos llegar a ser capaces
de un verdadero amor
y ser fuentes de agua viva
en medio de un mundo sediento.

Dado en Roma, junto a San Pedro, 25 de diciembre, solemnidad de la Natividad del Señor, del año 2005, primero de mi Pontificado.
 

BENEDICTO XVI


 

Notas
[1] Cf. Jenseits von Gut und Böse, IV, 168.
[2] X, 69.
[3] Cf. R. Descartes, Œuvres, ed. V. Cousin, vol. 12, París, 1824, pp. 95ss.
[4] II, 5: SCh 381, 196.
[5] Ibíd., 198.
[6] Cf. Metafísica, XII, 7.
[7] Cf. Pseudo Dionisio Areopagita, Los nombres de Dios, IV, 12-14: PG 3, 709-713, donde llama a Dios eros y agapé al mismo tiempo.
[8] Cf. El Banquete, XIV-XV, 189c-192d.
[9] Salustio, De coniuratione Catilinae, XX, 4.
[10] Cf. San Agustín, Confesiones, III, 6, 11: CCL 27, 32.
[11] De Trinitate, VIII, 8, 12: CCL 50, 287.
[12] Cf. I Apologia, 67: PG 6, 429.
[13] Cf. Apologeticum 39, 7: PL 1, 468.
[14] Ep. ad Rom., Inscr.: PG 5, 801.
[15] Cf. San Ambrosio, De officiis ministrorum, II, 28, 140: PL 16, 141.
[16] Cf. Ep. 83: J. Bidez, L'Empereur Julien. Œuvres complètes, París 19602, I, 2a, p. 145.
[17] Cf. Congregación para los Obispos, Directorio para el ministerio pastoral de los obispos Apostolorum Successores (22 febrero 2004), 194: Ciudad del Vaticano, 2004, 210-211.
[18] De Civitate Dei, IV, 4: CCL 47, 102.
[19] Cf. Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 36.
[20] Cf. Congregación para los Obispos, Directorio para el ministerio pastoral de los obispos Apostolorum Successores (22 febrero 2004), 197: Ciudad del Vaticano, 2004, 213-214.
[21] Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici (30 diciembre 1988), 42: AAS 81 (1989), 472.
[22] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida pública (24 noviembre 2002), 1: L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (24 enero 2003), 6.
[23] Catecismo de la Iglesia Católica, 1939.
[24] Decr. Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado de los laicos, 8.
[25] Ibíd., 14.
[26] Cf. Congregación para los Obispos, Directorio para el ministerio pastoral de los obispos Apostolorum Successores (22 febrero 2004), 195: Ciudad del Vaticano, 2004, 212.
[27] Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici (30 diciembre 1988), 41: AAS 81 (1989), 470-472.
[28] Cf. n. 32: AAS 80 (1988), 556.
[29] N. 43: AAS 87 (1995), 946.
[30] Cf. Congregación para los Obispos, Directorio para el ministerio pastoral de los obispos Apostolorum Successores (22 febrero 2004), 196: Ciudad del Vaticano, 2004, 213.
[31] Cf. Pontificale Romanum, De ordinatione episcopi, 43.
[32] Cf. can. 394; Código de los Cánones de las Iglesias Orientales, can. 203.
[33] Cf. nn. 193-198: pp. 209-215.
[34] Cf. ibíd., 194: p. 210.
[35] Sermo 52, 16: PL 38, 360.

[36] Cf. Sulpicio Severo, Vita Sancti Martini, 3, 1-3: SCh 133, 256-258.

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